Arde este libro, Fernando Marías

Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro.

Berna González, periodista de El País,  escribió el 22 de febrero  de este año 2022, en “El cultural”, el obituario de Fernando Marías, escritor nacido hace 63 años en Bilbao, novelista, editor e inventor de conceptos culturales,  bajo el título “El hombre que murió mil veces”. Y es que la muerte le sorprendió, después de haberle ganado varias batallasA veces paseo sin prisa hasta el punto exacto de la plaza de Santa Ana de Madrid donde caí muerto a las ocho de la mañana del uno de octubre de 1997…,  narradas en su última novela “Arde este libro”, una  novela confesional, en la que la muerte, el amor,   el alcohol y la culpa, conforman unos años de la vida del autor,  desde  los años  80 a la  actualidad; el autor de “Arde este libro”, desnuda su alma, para reflexionar sobre la complejidad de las relaciones de pareja, las adicciones y las desacertadas elecciones  juveniles; y lo hace a modo de expiación La frontera es invisible: estoy seguro de no ser culpable, pero no tanto de ser inocente, con la intención de enfrentarse a una etapa de su vida, aún sin resolver,  feliz y dolorosa al mismo tiempo, que sigue ardiendo en su interior como “arde su libro”. La juventud, los egos, la subordinación amorosa,  la fragilidad de la voluntad, el olvido de los propios proyectos en beneficio de los de la pareja… Pero yo, ahí anclado, jamás insistí en averiguar qué sentías o deseabas tú, a qué espectros temías o cuáles eran los sueños que callabas para que yo pudiera soñar en voz alta los míos. El gran pecado masculino de mi generación, cuyo desconocimiento no exonera de la culpa: posponer para el día siguiente la mirada sobre los anhelos de la compañera… y el enemigo común,   el alcohol; sus trampas y servidumbres, serán los ingredientes que acabarán por deteriorar un apasionado amor juvenil, para condimentar  la incomunicación Te mató el alcohol y fui yo quien te enseñó a beber, pero en el camino yo pude dejar de beber y tú no fuiste capaz: a estas dos líneas se reduce todo,  provocada por  la enfermedad y sus terribles  secuelas …Su hermana me repitió las palabras del doctor: trastorno límite de la personalidad.

El  autor, una vez despojado de la tiranía  del alcohol que compartió con su mujer, Verónica,  se adentra  en lo más oscuro de sí mismo, en un  desahogo liberador, para contar su historia de pareja, desde su encuentro juvenil,   hasta su separación Debemos separarnos.  Ante la barra de aquel bar, día tres del mes tres del año tres, las dos palabras cambiaron la geografía de nuestro mundo y lo derrumbaron todo…. y la muerte de ella. Pero no sólo el alcohol es protagonista, lo es sobre todo el amor, actor principal de los primeros años en los que ambos  descubren el placer de estar siempre juntos;  el autor describe aquel tiempo, en el que todo estaba por hacer y todo parecía posible, con una verdad y una ternura infinita Nada teníamos que esconder y sí, en cambio, todo para compartir. Tú a mí y yo a ti, tú conmigo y yo contigo y el mundo de los dos. Cobraban sentido mis pasos previos sobre la tierra y, me atrevo a decirlo, también los tuyos. A veces añoro aquel espejismo que tan real logró parecer.

Y al hablar de su vínculo y su experiencia vital, repasa la vida que bullía en el escenario de sus vidas, el  Madrid de los años 80 Madrid a las puertas de 1980, eclosión de paraíso que manaba con generosidad recién estrenada para que nos sintiéramos hermosos, intrépidos e irreductibles. En aquel Madrid, resurgida capital de la gloria por cuyas venas corrían nuestros espíritus y cuerpos insaciables, fuimos seres inmortales…; recuerda  la música del momento y la canción que se convirtió en “la banda sonora  de su amor”,  «You’re The One That I Want», canción escrita por John Farrar para la película Grease en 1978  e interpretada por John Travolta y Olivia Newton-John; o la presencia indiscreta de   Eric Clapton, cantando y tocando la guitarra, en el momento de descubrir sus cuerpos …Solo contábamos con un reproductor de casetes y una cinta: el disco E.C. Was Here, un directo de 1975 de Eric Clapton que fue el que, tanteando a ciegas, halló una mano, la tuya o la mía, hasta ahí no llega mi memoria, para poner fondo sonoro a nuestra exploración mutua;   los locales  de moda, PentagramaLa Vía Láctea dos locales que en su tiempo fueron los mejores del planeta Tierra…,  la mítica sala de conciertos Rock-Ola, para la que hizo su primer trabajo audiovisual en la actuación  de los Nacha Pop; cines como El  Príncipe Pío o el  Avenida de la Gran Vía madrileña  en los que vieron …“La huida y Perros de paja”, dos violentas películas… sobre todo la segunda, de Sam Peckinpah, mi cineasta favorito, o cafeterías desaparecidas hoy en día y buscadas con ansiedad callejeando en busca de las  huellas de su pasado;  recorrerá  la Calle  de La Palma en la que se ubicaba el apartamento que compartieron,  San Bernardo,  La plaza de Santa Ana o la de Tirso de Molina añorando sus recorridos nocturnos, desde el bar en el que esperaban el amanecer, a  la pensión en la que hicieron por primera vez el amor; recordará también  acontecimientos impactantes para la juventud de la época como  la muerte de Enrique Urquijo, hallado sin vida en  en un portal de la calle del Espíritu Santo de Madrid, Mis veinte años, los veinte años de muchos, murieron de sobredosis en aquel portal donde a la vez, en ciertos sentidos, arrancó el resto de nuestras vidas…, compositor y cantante  a quien como a tantos otros, nadie advirtió que llegarían a ser estrellas de rock por la mañana, yonquis desdichados a mediodía y muertos por sobredosis al caer el crepúsculo.

Su narrativa diáfana, fluida y sincera se sustenta en un “dolorido sentir” que diría Garcilaso de la Vega;  un contenido tan duro y doloroso que apenas deja espacio a recursos técnicos y formales, presentes sin embargo pero  supeditados a tan personal pulsión;  destacaremos una fórmula que se repite a lo largo de la narración, la  pregunta retórica, un apoyo estructural que le ayuda a plantearse cuestiones postergadas por dolorosas y no resueltas… Me pregunto qué(…)Me pregunto sique servirán de base a una espontánea  reflexión; este método,  sustentará  el  nostálgico viaje y  le servirá  no sólo para revisar   su historia, sino para considerar   la complejidad del ser humano,  sus elecciones,  su reacción ante los obstáculos y  sus dependencias;  otro procedimiento utilizado es la divagación que le permite asomarse a infinidad de temas, como  su oficio de escritorMe gusta imaginar vidas que no viví, vidas buenas y vidas malas o vidas todavía peores, que son las mejores entre las inventadas, vidas de santo bebedor y santo exbebedor…, cómo comenzar un libro No sirve cualquier frase para comenzar un libro.  Cada libro, incluso desde antes de comenzar a escribirse, ya cuando es concebido, tiene asignada una primera frase secreta que será necesario extraer desde lo invisible hacia la realidad. Hace años, varios ya, escribí sobre la pantalla blanca “Te incineraron con una novela mía entre las manos”; cualquier tema en relación a lo humano es objeto de atención…; la sociedad actual En el mundo inmisericorde e imbécil de hoy, del que sospecho que es más inmisericorde e imbécil que el de ayer….;  el alcoholismo Las estancias en el sanatorio, intermitentes y regulares, quince meses entrando y saliendo y volviendo a entrar y salir para volver a entrar, acumulaban desesperación y cada tratamiento nuevo que se intentaba parecía radicalizar el empeoramiento…, o la indigencia y la muerte; se adentra también en los sentimientos contradictorios de impotencia, culpa y tristeza infinita, del momento en que ella abandona Madrid fatalmente desahuciada Marsella, exilio de tu vida madrileña y del pasado feliz. La casa materna, estación final y tumba.

El flash back o retorno al pasado, no es un recurso  en este relato autobiográfico,  es una necesidad que  nace de la confesión, hecha en el presente, de los hechos de su pasado juntos, rememorados con 60 años,  tras  la muerte de su mujer;   mientras recuerda, deambula  por las calles por las que iba con ella, y locales de un pasado común,  que el tiempo ha hecho desaparecer …Aquí desayunábamos tú y yo en nuestros primeros meses felices, antes de separarnos cada mañana soñando con el reencuentro que traería la tarde. Y aquí, frente al taburete donde acabo de sentarme, también cada mañana, nos aguardaba la gramola;  el pasado al ser revivido pasa a ser presente,  imbricándose con éste.

La obsesión por especificar las fechas y por recordar  el minuto exacto en el que sucedieron los hechos, nos plantea la duda de  si es una técnica de Fernando Marías escritor  o una característica de su personalidad El paranoico de las fechas que siempre va conmigo se ha empeñado en averiguar la fecha exacta de aquel momento, rastreando en Internet la pista de Nacha Pop en Rock-Ola. Y ahí están, nadando junto a otros miles de millones de recuerdos cautivos, los datos que me permiten situarlo a finales de mayo de 1981…, ya que vertebra esta novela -que casi no lo es-, convirtiéndola en  una crónica  íntima de los  hechos sucedidos durante el tiempo que permanecieron juntos …Internet me ha facilitado el capricho maniático de averiguar que el estreno tuvo lugar el veintinueve de febrero del bisiesto 1980, cuando tú y yo levitábamos juntos por las calles. Otros ejemplos significativos:

(…) Pero vuelvo a tu calle en mi mapa: La Palma casi esquina con San Bernardo, entre enero de 1979 y la primavera de 1980.

(…) El estreno tuvo lugar el veintinueve de febrero del bisiesto 1980, cuando tú y yo levitábamos juntos por las calles.

(… ) Estoy seguro de que recordaste hasta el fin, como recuerdo ahora yo, las horas del domingo veintiocho de octubre de 1979, nuestro primer despertar juntos…

(…) Quiero pensar que nuestros jóvenes cuerpos desnudos todavía se abrazan como espectros en la noche de octubre de 1979.

(…) Veintisiete de enero de 2003: ese día, veintidós años y algunos meses después de mi diáfana felicidad, se estrenó en la misma sala la versión cinematográfica de la novela que acabaría por arder sobre tu pecho.

(…) Lunes siete de abril de 2003 a las once de la mañana: irrumpe la enfermedad mental.(…) El sanatorio Esquerdo, dieciséis años después de que ingresaras en él por primera vez, aquel terrible abril nuestro del año 2003

(…) Por supuesto, mantenía fijada para siempre la fecha de tu último día, veintiuno de agosto de 2012, pero no sabía la hora exacta de tu muerte, once de la mañana, que el PDF me ha revelado.

Fernando Marías, convierte su vida y la de su esposa en literatura y la literatura vive en la historia de la pareja; no es un recurso metaliterario; la literatura se convierten  en  referente para ambos y de alguna manera en premonición; porque él conoció a Verónica  con su inseparable ejemplar de  Yonqui, o  El almuerzo desnudo de William Burroughs, que ella tenía  siempre sobre la mesilla; este  novelista, ensayista y crítico social estadounidense, fue considerado  como una de las principales figuras de la Generación Beat,  fenómeno cultural  de los 50 que rechazaba  los valores estadounidenses clásicos, defendiendo  entre otros postulados, la  absoluta  libertad sexual  y el uso de drogas,  trágico espejo este último,  en el que ambos acabarían  mirándose.  El autor recuerda a una joven Verónica , explicando en sus primeros encuentros, emocionada,  sus libros preferidos … En aquellos primeros días me explicaste que De ratones y hombres te emocionaba desde que la leíste en el colegio. Era tu novela favorita, aunque, para mi sorpresa, lo único que sabías de John Steinbeck era que había escrito aquel libro tan amado…;  al mismo tiempo descubre  sus propios gustos literario … A mí me gustaba mucho Las uvas de la ira, a la cual llegué tras averiguar todo cuanto en aquella época podía averiguarse sobre Steinbeck, incluido su alcoholismo, que celebré extasiado. Qué formas tan distintas de acercarse a una obra. Y qué inmenso y singular honor haber sentido que John Steinbeck bendecía nuestro enlace…  y manifiesta su admiración por todos los escritores alcohólicos de éste y pasados siglos.

 Otros muchos escritores surcan los recuerdos de Fernando Marías, como Borges, del que adopta una sentencia sobre el olvidoBorges, tan perdurable, afirmaba que «el olvido es lo único a lo que una persona cabal puede aspirar»…; una sentencia  que a todos alcanzará y que nuestro autor asume y regala a los autores jóvenes Por mi parte, acuño este epitafio y lo regalo a las generaciones de escritores por llegar: Recuerda: serás olvidado. Recuerda: arderás tú y arderán tus libros…a los que habla y explica libros que considera imprescindibles como  El largo adiós, la gran novela con la que Raymond Chandler, no sólo fundó el género negro del siglo XX sino, de paso, también el del siglo XXI, pues su fórmula magistral, generosa y transparente para cualquiera que se moleste en leer el libro, no ha sido mejorada.

Quizá “Arde este libro”,  es una necesidad de superar el olvido, Un libro que al arder engendra otro libro merece la cortesía de una mirada, de un puñado de palabras…(…)  Se titula o se titulaba o se tituló La luz prodigiosa…(…) …No fue escrita, me digo a veces, para iniciar mi carrera, sino para cerrarla mediante el fuego y el olvido, lo que se me antoja más poético. Ese “descuido de recuerdos pasados” ahora se  convierte en presente, a través de una prosa poética… Ahora, sin embargo, la perspectiva de arder en el olvido me despierta una indiferencia de melosa languidez… y un lirismo devastador,  que impregna todo el  texto, manejado por  la brújula de la melancolía;  no extrañará por tanto, el uso de recursos    poéticos,  como la “Anáfora”,  figura retórica profusa en el texto,  consistente en  repetir una palabra o frase  al comienzo de oraciones, con el fin de dotar al texto de ritmo e intencionalidad clara y sobre todo de  sensación  de unidad y coherencia; el autor logra este objetivo con la consciente e insistente repetición, a modo de “mantra”, de la frase “ Te enterraron con un libro mío entre las manos”,   origen de la novela,  así como  de fechas , marcadores del Paso del Tiempo,  que nos conducirán  al inevitable olvido;  esta figura esencial sustenta toda la elaboración literaria.

La presencia desnuda  del «yo» a través de la larga confesión, los diálogos repensados con Verónica, las preguntas retóricas, las digresiones sobre temas que merodean la enfermedad, provocan en el lector momentos de desasosiego y quebranto que sólo se superan con el tono poético y la verdad que los sostiene.

Cuando comencé esta reseña, desconocía la muerte inesperada de Fernando Marías, ocurrida el 5 de febrero de este  2022. Quiero desde aquí manifestar mi  pesar  ante la pérdida de un gran escritor y una persona valiente, que supo reaccionar ante  sus conatos de muerte y enfrentarse valientemente a los recuerdos provocados por la muerte de su esposa, a la  que ha salvado del olvido con este libro, que de seguro, arderá en nuestra memoria.

 

 

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