Joyce Carol Oates es una novelista, cuentista, poeta, dramaturga, ensayista y profesora considerada una de las grandes escritoras estadounidenses, que ha obtenido a lo largo de su extensa carrera los más prestigiosos premios y reconocimientos. Hoy nos acercamos a una de sus últimas novelas, Carnicero publicada en 2024, donde la autora pone en tela de juicio los métodos de investigación científica, los objetivos que los impulsan y las líneas que no deben sobrepasarse, vulneradas tantas veces a lo largo de la historia.
La ciencia necesita valerse de experimentos para avanzar en la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades y ésta debe ser la motivación de todo científico; pero cuando lo que se busca es la fama y el reconocimiento individual, se llegan a cometer atrocidades que sobrepasan los límites de la ética profesional y el respeto humano; este es el caso del Doctor Silas Aloysius Weir, personaje real que vivió en EEUU, en el siglo XIX (1812-1888), considerado el padre de la “neurología” y la ‘ginopsiquiatría’ médica, cuyos experimentos han sido ficcionados por Joyce Carol Oates con un gran realismo, especialmente las abominables operaciones que llevó a cabo en el Hospital de Lunáticas de Trenton, centro psiquiátrico femenino, donde mujeres pobres, abandonadas, mancilladas y explotadas, le servían de conejillo de indias, para después publicar sus experiencias en las revistas médicas más importantes; su objetivo era ser reconocido profesionalmente y llegar a tener un lugar en el panteón de los pioneros americanos de la ciencia… Mi modelo era el doctor Francis Brickman quien había sido nombrado primer consejero médico del presidente con oficina en la Casa Blanca en Washintong D.C.193, y lograr de paso, la admiración de su familia.
Sus descubrimientos de laboratorio se hicieron con los mimbres del dolor y la muerte, en condiciones sanitarias paupérrimas, apenas sin el tiempo necesario para validar los resultados, cometiendo errores tanto por la falta de conocimientos como por ideas preconcebidas sobre las mujeres o por sus creencias religiosas calvinistas. A lo largo de la novela la autora mostrará los controvertidos experimentos del doctor Silas Weir, enmarcados en los acontecimientos sociales y políticos de la época y en las profundas divisiones y conflictos que dividían al país derivados del sistema esclavista… Como numerosos norteños, como el propio Abraham Lincoln incluso, los Weir no creían que las mujeres y los hombres negros fueran iguales a las personas blancas pero como cristianos que eran, no creían en la esclavitud…, en los enfrentamientos entre los abolicionistas y los defensores de la esclavitud… La familia de su mujer era antiabolicionista y simpatizaba con los sureños y su familia abolicionista pero opinaba de manera distinta sobre cómo llevarlo a cabo para evitar la insurrección…, en la situación de los emigrantes contratados como siervos durante 7 años y retenidos por el dueño el tiempo que estimara oportuno… Al superar los siete años se convertían en ciudadanos de pleno derecho de Estados Unidos. Si enfermaban durante el contrato se les aumentaba el tiempo. De los hijos que tenían apenas sobrevivían, sin duda una bendición…, y en las injusticias sufridas por las clases sociales más desfavorecidas, especialmente las más vulnerables, las mujeres,… Silas, no desesperes, la histeria no deja de ser un tipo de convulsión específico de las mujeres. Las ideas filosóficas, –la teoría de la histeria femenina de Aristóteles y Platón-, o religiosas, –ortodoxia calvinista-, supusieron una carta en blanco para experimentar de un modo infame con el beneplácito divino… Todo cuanto he hecho y haré es obra de Dios; en sí mismo Silas Weir no es más que un frágil receptáculo (…) Sus actos no eran accidentes o veleidades sino la mano de la Providencia…; y cuando el doctor dudaba, escuchaba la voz divina que le decía… Eres uno de mis hijos en quien me regocijo. Todo lo que haces es una orden mía.
La estructura en la que se apoya la autora para contar la vida de Silas es poliédrica, apuntalada en el relato de los múltiples narradores que lo conocieron en diferentes lugares y momentos de su vida y que irán manifestando desde distintos puntos de vista y en primera persona las impresiones que en aquellos momentos les suscitaron.
La primera información viene de Tabitha Tyndale, Chestnut Hill, Pensilvania cuando, en 1835, -ella tenía 18 y él 23 años- Silas Weir visitaba su casa con la intención de encontrar esposa. Lo describe física y psicológicamente como… Hombre poco agraciado, introvertido, nada atractivo que quiere encontrar esposa en lo más granado de la sociedad …, objetivo que no logra por resultar pretencioso y hablar sólo de su dedicación a la cirugía experimental.
El segundo narrador es el practicante Doctor Milton Thorpe con quien compartió prácticas en la consulta del Doctor Strether y donde llevó a cabo una de sus prácticas más execrables con resultado de muerte, que le forzaron a exiliarse a Nueva Jersey. El Doctor Milton irá completando la descripción de Silas, hablándonos de su carácter timorato, de sus complejos…Siempre se comparaba con su hermano médico Franklin que trabajaba en una célebre clínica en Boston, al que quería superar…, su miedo, su cobardía, su cinismo y prepotencia… No flaquearás en tu decisión, hagas daño o no…su narcisismo, del desconocimiento del cuerpo humano, especialmente del femenino, su desprecio a los pobres y su misoginia… Ninguna mujer blandirá un escalpelo; mucho menos una inmigrante analfabeta
Un tercer narrador, Abraham Langhorne, sepulturero oficial del Hospital en 1852, nos informará del nuevo modus operandi que el doctor impone en el centro hospitalario de Trenton, creando categorías inexistentes entre las enfermas… Las nulas, al morir dejan de existir en los registros del manicomio. Se las enterraba sin nombre y no se daba parte al municipio de su muerte…con el fin de evitar los ataques políticos procedentes del parlamento de Nueva Jersey que le acusaban de abusos, prácticas infernales, experimentalismo sin anestesia y numerosas muertes y suicidios; se empieza a hablar de Carnicero Weir.
Otro punto de vista nos lo facilitará la señora de Thomas Peele, a través de su Diario de 1853, en el que expone los métodos utilizados por el Doctor para solucionar su problema de histeria y su pánico ante las prácticas sexuales de su marido, dejando clara su impotencia ante la decisión de ser internada; el método aplicado consistía en engordarla como a un pavo sujeta a la silla de la tranquilidad, procedimiento que causó su muerte… La Histeria en la mujer viene causada por un útero errante o partes desprendidas de dicho órgano que circulan por las arterias y de manera más virulenta en el cerebro. A esto sumaba los distintos aparatos inventados por él, la cama de la tranquilidad, la camisa Weir o de fuerza, la dieta Weir, la rueda Weir, la celda Weir o la ya mencionada silla de la tranquilidad, a la que ataba a sus enfermas.
El juego de narradores se complementa con el libro que Jonathan Franklin Weir, el hijo mayor del Doctor Silas Weir, edita tras la muerte de éste, en el que recoge la documentación y las anotaciones que escribiera su padre en sus memorias “Crónica de la vida de un médico”, durante los años de profesión, añadiendo comentarios personales y opiniones de quienes lo conocieron. Se lo explica así al lector… Algunos de ustedes se mostrarán muy críticos con mi decisión de extraer pasajes del diario de padre que pueden considerar obscenos….; en los diarios, el doctor Silas redacta en primera persona todos los experimentos científicos llevados a cabo, perforación de tímpanos para evitar que la enferma escuche voces, operación de labio leporino a Zenobia D. – a la que llama loca zarrapastrosa-,… Ve que la hendidura del labio se alarga por la boca y el paladar en el que hay un agujero y él no sabe cómo hacerlo y jamás preguntaría a sus colegas…, venta de niños de las internas, esterilizaciones terapeúticas, operaciones de fístula… Era la duodécima operación de fístula que hacía a Brigit. La cose con hilo de plata…, o la amputación innecesaria de la pierna a quien sólo tenía una; todos los casos son estremecedores, pero quizá uno de los más turbadores es el experimento que realizó con dos recién nacidas, mellizas, a las que separó para cuidar a una y dejar a la otra en la oscuridad 12 meses con hierbas y sin contacto físico para comprobar la evolución posterior; todos ellos son descritos con tal detallismo que llegan a perturbar y causar espanto.
También confiesa sus fracasos, sus éxitos, sus inseguridades…. Se drogaba a la hora de operar con whisky escocés, gotas de cocaína y laúdano por la repugnancia que le producían las mujeres con fístula…, sus anhelos, sus pensamientos más oscuros, su vida conyugal, la relación con sus 9 hijos y los lugares en los que trabajó. Silas Weir relatará cronológicamente, su exilio en el condado de Morris, en 1837, sus primeros años como médico (1846-1851), el cambio que dio su vida al cambiarse al pueblo de Ho-Ho-Kus , así como su llegada en 1851, -ya casado con Theresa y con hijos-, al Manicomio estatal de lunáticas de Trenton, gracias al doctor Medrick Weir, director del centro; contará cómo Medrick, pariente suyo, le animó a seguir con sus experimentos quirúrgicos y cómo tras la violenta muerte de éste, ascendió a director del centro en 1853. Y por encima de todo nos confesará su enamoramiento de una interna llamada Brigit Kinealy, una muchacha irlandesa, albina y sordomuda de la que hará unas descripciones cargadas de poesía y belleza… Pero ella, Brigit, no es como las demás. Ella es una elegida, igual que la Providencia te ha elegido a ti.
En sus escritos refiere la impresión que sintió al ver a Brigit por primera vez, los sentimientos contradictorios que despertó en él por sentirse atraído por una criada, y la pasión amorosa que no era más que obsesión y despotismo… En aquel instante su pálida belleza me perforó el corazón. Me quedé clavado en el sitio. Me temblaban las piernas…(…) Acaso imaginé a aquella enfermera de un rubio pálido y una belleza etérea y ojos luminosos susurrándome gracias, doctor, lo amo, doctor…(…) Mi Ofelia!!!! Esa curiosa apelación me vino de la nada, sin parangón en mi vida. Juro que no morirás… Sentimientos sutilmente descritos por el doctor Silas que esconden una relación sexual de sometimiento con su subordinada, basada en el uso desmedido de la autoridad. Sólo cuando leamos el testimonio de Brigit Kinealy, comprobaremos las vejaciones a la que fue sometida desde niña y los ardides que Silas utilizaba para doblegarla, haciéndole beber… El bálsamo de Leteo.
Será la propia Brigit la que cerrará el juego de perspectivas con su libro “Perdida y Encontrada: la verdadera historia de una huérfana contada por ella misma” de Brigit Agnes Kinealy, donde confrontará su historia de sumisión sexual, con el relato amoroso edulcorado del doctor Silas. A través de las durísimas descripciones de Brigit, de su meticulosidad y su sensualidad podemos percibir el olor a descomposición del cuarto de los cadáveres donde castigaba a las enfermas y oír las amenazas susurradas con las que era atemorizada mientras socavaba su integridad.
Y por último el testimonio de Jonathan Weir, hijo mayor de Silas Weir, un epílogo titulado “La otra vida”, escrito tras el incendio del Hospital de Trenton, el 14 de marzo de 1861, fecha que coincide con el Alzamiento de esclavos en el Sur. En esta parte el lector conocerá la versión oficial de las causas del incendio, -un relato paralelo falso aceptado por la comunidad médica-, y el otro alzamiento, el de las lunáticas, que como los negros del Sur, se toman la justicia por su mano para resarcirse de los largos años de opresión y buscar la libertad.
También conoceremos de boca de Jonathan su historia de amor, -ya avanzada por su padre en su libro-, cómo fueron sus inicios, las fases por las que pasó y el reencuentro con su amada, dejando un final abierto a esta pequeña trama romántica.
La autora, se sirve de numerosas técnicas para dar verosimilitud a su ficción no sólo gráficamente con el empleo de la cursiva y distintos tipos de letra que diferencian documentos, informes médicos, diálogos con su esposa o canciones, sino enriqueciendo el contenido con libros inventados y versiones contrapuestas de los mismos hechos.
La riqueza de puntos de vista que presenta la autora, permite al lector interpretar la historia y entresacar su verdad de la polémica actuación del doctor Silas, teniendo siempre en cuenta el siglo en el que se desarrolla, donde la falta de libertades, la mojigatería religiosa y la pobreza de conocimientos académicos empobrecían el desarrollo de la ciencia.
Un libro interesante que nos estremece y nos obliga a plantearnos preguntas incómodas sobre los objetivos de la ciencia, los intereses que impulsan a los científicos y los métodos utilizados para conseguirlos.