BOLONIA es uno de los destinos que siempre he contemplado a la hora de viajar a Italia pero por diversos motivos lo he ido relegando, quizá, por existir tantas ciudades maravillosas en las que perderse, como Venecia, Roma, Florencia, Pisa, Matera, Bari y un larguísimo etcétera, donde la belleza artística y cultural superan cualquier expectativa; como todo llega, surgió la ocasión de hacer una escapada a Italia, tan sólo un fin de semana, y nuestros ojos se dirigieron al Norte, a Bolonia, destino tantas veces deseado y aplazado.
Así, nos pusimos a preparar el viaje que no planteó muchos problemas, -por la cantidad de líneas aéreas low cost que vuelan a diario hasta la ciudad y por su variada oferta hotelera y de alojamientos Airbnb-, y el viernes por la mañana volábamos con Ryanair desde Madrid al aeropuerto Marconi de Bolonia, al que llegamos tras dos horas y media de vuelo.
Bolonia es una ciudad fundada por los etruscos cuyo sobrenombre de «docta» se conserva desde el tiempo de los romanos; ha gozado de gran importancia a lo largo de los siglos, sobre todo desde que se convirtió en 1361 en una de las mayores ciudades de los Estados Pontificios, no sólo por su famosa universidad fundada en 1088, sino por ser un punto comercial neurálgico, gracias a los canales -todos soterrados hoy en día menos uno-, que facilitaban la entrada a mercancías llegadas de todas latitudes; con los impuestos cobrados a los mercaderes, pagaban a los profesores de su universidad. El poder económico de la ciudad durante sucesivos siglos dejó en ella un rico legado, desde palacios a torres señoriales, iglesias o basílicas, todos ellos verdaderos tesoros artísticos.
Como había tanto que ver decidimos contratar un free tour desde Madrid que nos ayudó a tomar contacto con la ciudad y sus monumentos más importantes; desde la céntrica Via Marsala donde estaba nuestro alojamiento, nos dirigimos por Via de la Independenza y Piazza Nettuno hasta la Piazza del doctor Galvani, flanqueada por el Palacio Archiginnasio sede de la Universidad de Bolonia entre 1563 a 1803 y la Basilica de San Petronio, de donde partía el tour a las 17 horas.
El paseo boloñés se encaminó, bajo los característicos Pórticos pintados de bermellón, hacia el SANTUARIO DE SANTA MARÍA DELLA VITA, en el Barrio Quadrilatero, corazón palpitante del casco histórico de Bolonia.

La iglesia, por su fachada, podría parecer una iglesia modesta, pero en su interior encontramos verdaderas joyas del Barroco, como el Oratorio de Battuti, bajo su gran cúpula, el único de estilo barroco en Bolonia, que ejemplifica la grandiosidad decorativa desplegada en sus paredes y bóvedas esculpidas en oro y en sus valiosas pinturas; detacables son los frescos y grupos escultóricos realizados por Alfonso Lombardi en el siglo XV que representa al grupo de los doce apóstoles alrededor de la tumba de la Virgen.
La iglesia es famosa por albergar una colección de estatuas de terracota de tamaño natural que representan la Lamentación sobre el Cristo Muerto de Nicolò dell’Arca, que data de la segunda mitad del siglo XV, definida como “urlo di pietra” (grito de piedra) por el poeta Gabriele D’Annunzio. Todas las figuras parecen cobrar vida y manifestar el dolor extremo, especialmente el rostro de María Magdalena ante el cuerpo de Jesucristo muerto; está considerada una de las esculturas más potentes del Renacimiento italiano.

Desde aquí y paseando por las estrechas calles de su centro histórico llegamos a SAN PABLO MAGGIORE, iglesia construida entre 1606 y 1611 y enriquecida entre 1634 y 1636, por Ercole Fichi, quien dotó de mayor elegancia a su fachada.


Dentro del edificio, las bóvedas fueron magníficamente decoradas por Antonio y Giuseppe Rolli, y sobre el altar hay valiosas pinturas de grandes maestros boloñeses, como Guercino, Giuseppe Maria Crespi, también conocido como Lo Spagnolo y Lodovico Carracci, quien realizó el conocido «Paradiso«. El suntuoso altar mayor (1643-1650) es de una particular belleza; allí, se puede admirar la escultura que representa la «Decollazione di San Paolo» , que se alza en el centro.
Paseando por la calle de Santo Stefano con el guía, nos detuvimos en el PALAZZO BOLOGNINI, in Via Santo Stefano, un tesoro arquitectónico comenzado en 1525 y terminado en 1620, que deslumbra a sus visitantes por su singular fachada decorada con 26 cabezas esculpidas en nichos circulares, de viejos guerreros barbudos y orientales con turbante, que otorga al palacio un carácter fascinante; además, la decoración incluye 13 cabezas aladas monstruosas y más de 130 cabezas de pequeño tamaño, que convierten esta joya arquitectónica en un verdadero espectáculo visual.

Siguiendo nuestro paseo hacia Piazza Nettuno nos llamaron la atención dos magníficas TORRES DE LADRILLO que sobresalían de los tejados, una de ellas algo inclinada y ambas, sujetas por hierros que las mantienen firmes. Son las Torres Garisenda y Asinelli, las dos más famosas que se mantienen en pie, de las más de 150 que fueron levantadas por las familias más ricas de la ciudad; datan del siglo XII y durante el medievo se concibieron como instrumento de ataque y defensa y, sobre todo, como símbolo de poder y de prestigio social de las familias que financiaron su construcción en una época marcada por las luchas entre el Pontificado y el Sacro Imperio Romano Germánico. Los nombres de Asinelli y Garisenda provienen de las familias a las que tradicionalmente se les atribuyó la construcción de las mismas. Sin embargo no hay datos fidedignos.
La TORRE DEGLI ASINELLI se construyó entre 1109 y 1119 por la familia homónima y se cedió al Ayuntamiento en el siglo siguiente. Subiendo los 498 escalones de su escalera interior, se alcanza la cima desde la cual es posible disfrutar, a una altura de 97,20 metros, de una vista espectacular sobre la ciudad. En el momento de su construcción no superaba los 60 metros, siendo ampliada posteriormente. En el siglo XIV pasó a ser propiedad de la ciudad, siendo destinada sucesivamente a fortaleza y prisión.
La TORRE GARISENDA, contemporánea de la otra, difiere en su altura, 47 metros, y es la más conocida, -por su evidente inclinación debido al hundimiento del suelo-, hasta el punto de que Dante la mencionó en el Canto XXXI del Infierno y en sus Rimas. En el momento de su construcción medía 60 metros, pero en el siglo XIV fue recortada a causa de que el terreno donde había sido construida estaba cediendo; tiene un grado de inclinación con respecto a la vertical de 3,2 metros; el grado de inclinación de la Asinelli es de 1,3 metros. A lo largo del siglo XIII, muchas torres fueron demolidas y algunas se derrumbaron. En épocas posteriores, fueron utilizadas de modos diversos: como cárceles, comercios o lugares de estancia.


El tour terminó en la emblemática Plaza Mayor de Bolonia, delante del PALAZZO RE ENZO, verdadero tesoro arquitectónico que data de 1245. Originalmente construido como una ampliación de los edificios comunales, rápidamente se convirtió en la prisión del Rey Enzo, quien fue capturado y allí encerrado durante 23 años. Fue sepultado en la Basilica di San Domenico, que visitaríamos al día siguiente, y atestigua la profunda historia que alberga este lugar. Su diseño gótico, restaurado en 1905, es de lo más atractivo para el visitante y entre sus encantos, se encuentra su pórtico cubierto en el que se produce un fascinante juego acústico que multiplica las voces gracias al eco que se producen en sus esquinas.
Para enfrentar con energía nuestro segundo día, sábado, desayunamos cerca de nuestro apartamento en Piazza San Martino, en la cafetería Gil&Bert y nos dispusimos a subir al SANTUARIO DELLA MADONNA DI SAN LUCA a través de 6 Km de “Portici”, característicos pórticos con columnas, que cruzan Via Saragozza y que tras pasar el monumental Arco del Meloncello (1732), serpentean hasta el promontorio donde se alza el Santuario, por una cuesta larguísima y cansadísima, construida sobre el Colle della Guardia, al suroeste del centro histórico de la ciudad de Bolonia.


El primer proyecto fue hecho en 1655, pero se abandonó por problemas económicos hasta 1673, año en que fue auspiciado por un grupo de particulares con el fin de proteger de la lluvia a los peregrinos que iban a adorar el Icono de la Virgen con el Niño; participaron en su construcción ciudadanos de todas las clases sociales, desde 1674 hasta 1793, bajo la dirección del arquitecto Gian Giacomo Monti. El pórtico alcanza los 3,796 km y consta de 666 arcos y 15 capillas lo que le convierte según algunos autores, en el pórtico más largo del mundo.
En cuanto a la arquitectura del Santuario, su exterior es de estilo barroco, con formas y volúmenes curvilíneos que alternan con continuas protuberancias y huecos. El cuerpo del edificio está constituido por un grandísimo cimborrio o tambor que sirve de base a una cúpula con linterna que se eleva por encima del crucero de la iglesia, para permitir la entrada de luz.


La fachada, está constituida por una estructura que sobresale, formada por una serie de pilastras gigantes de orden jónico que sustentan un frontón, bajo el cual se abre un arco central. A los lados de la fachada, el pórtico se desarrolla con dos alas curvilíneas que cierran la plaza frontal y que terminan en dos tribunas pentagonales en forma de edículo. El portal de ingreso está flanqueado por las estatuas de San Lucas y de San Marcos, realizadas en 1716.
Su interior es de planta elíptica y sobre ella se inserta una cruz griega formada por el eje central y por las dos capillas mayores laterales, y presenta un presbiterio elevado, sobre cuyo pináculo se encuentra el Icono de la Virgen con el Niño. Los arcos principales son sostenidos por tres columnas corintias gigantes. Entre las obras conservadas en el interior destacaremos los importantes retablos y las pinturas de Guido Reni, (La Madonna del Rosario) y Guercino, el Cristo che appare alla Madre en la sacristía mayor. Así mismo son muy interesantes los frescos de la capilla mayor y de la cúpula.A la bajada decidimos comer rápido pues a las 3,30 teníamos concertada la visita del Palacio Archiginnasio; como era sábado y no habíamos reservado, fue dificilísimo encontrar mesa pero finalmente descubrimos en Via Marsala 29, La Rimessa, un restaurante muy recomendable con una justa relación calidad precio, donde degustamos Carciofi, Ragu, Lasagna vegetal y, cómo no, Tagliatelle a la bolognesa; todo buenísimo y muy casero.
Tras la comida nos encaminamos al PALACIO ARCHIGINNASIO en Piazza Galvani, primera sede de la Universidad de Bolonia entre 1563 a 1803; en su interior se encuentra, la Biblioteca Comunal del Archiginnasio, que junto con los Pórticos de Bolonia es Patrimonio de la Humanidad. Este importante edificio, que data del siglo XI, no sólo ha sido testigo del desarrollo de la educación superior en Europa, sino que también alberga un impresionante Anfiteatro Anatómico, una sala dedicada al estudio de la anatomía en forma de anfiteatro, construida en madera de abeto, enriquecida con casetones en su techo y decorada con estatuas. La sala, que colapsó a causa de los bombardeos de 1944 y fue posteriormente restaurada, está presidida por una cátedra donde se sentaba el profesor, cubierta por un baldaquín sujeto por dos esculturas de hombres desnudos y sin piel, llamados «gli spellati» (los despellejados). Las numerosas esculturas que decoran las paredes representan médicos de la antigüedad y de tiempos modernos: los bustos son de aquellos considerados menos importantes, mientras que los de gran importancia están retratados de cuerpo entero. Las dos estatuas principales, a la derecha de la entrada, representan a Hipócrates y Galeno, los médicos más importantes de Grecia y Roma respectivamente. Otra estatua, en la pared opuesta a la cátedra, representa a un médico que tiene en la mano un nariz: se trata del boloñés Gaspare Tagiacozzi, precursor de la rinoplastia. La sala es una auténtica obra de arte, un lugar donde el espíritu académico se siente en cada rincón.



Explorar los pasillos del Archiginnasio es sumergirse en la historia a través de los escudos de ilustres egresados que adornan las paredes y representan a las familias que donaron dinero para la Universidad; la monumentalidad del lugar, junto con su función actual como biblioteca comunal, evidencia su valor histórico y cultural.
Se cree que la Universidad de Bolonia (UNIBO) es la universidad más antigua del mundo occidental; entre sus alumnos se encuentran Dante Alighieri, Petrarca, Thomas Becket, Erasmo y Nicolás Copérnico, así como una lista interminable de colegiales españoles que, desde 1369, año en que abrió sus puertas el Real Colegio de España, realizaron en ella sus estudios. Podemos destacar entre los más sobresalientes a Juan Ginés de Sepúlveda, Antonio de Nebrija, Antonio Agustín o San Pedro de Arbués.
Después de esta instructiva e imprescindible visita, volvimos a la impresionante PIAZZA MAGGIORE para visitar la BASILICA DE SAN PETRONIO concebida para ser más grande que San Pedro de Roma, reconocible por su fachada de Jacopo della Quercia, realizada en mármol blanco y rosa e inconclusa por faltar las ayudas papales que la sostenían; según cuentan, obedecía a una única intención papal, que la nueva basílica no superara en belleza a la Basílica de Roma; por ello sólo se pudo revestir de mármol blanco y rosa la mitad inferior, quedando la parte superior de ladrillo oscuro.

Pero la basílica no sólo reviste una gran importancia religiosa, sino política, ya que entre sus paredes se celebró uno de los acontecimientos históricos más trascendentes y con mayores implicaciones políticas, la coronación el 24 de febrero de 1530, de Carlos V , como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el papa Clemente VII. Ambas personalidades Clemente VII y Carlos V, mantuvieron una compleja relación marcada por la alianza del papa Clemente VII con Francia contra Carlos V, y de forma más dramática, por el Saqueo de Roma en 1527, donde las tropas de Carlos atacaron la ciudad y apresaron al Papa, obligándole a refugiarse en el Castillo de Sant’Angelo; tras solventar las diferencias con Carlos I a través de la firma del Tratado de Barcelona, en 1529, Clemente VII, que había retrasado dicha coronación papal hasta la firma, lo coronó en la Basílica de San Petronio, con grandes fastos, siendo ésta la última vez que un emperador del Sacro Imperio Romano Germánico fue coronado por un pontífice.

«Conversación entre Clemente VII y Carlos V», fresco de Giorgio Vasari pintado en 1556 para el Palazzo Vecchio de Florencia.


“Coronación imperial de Carlos V en Bolonia el 24 de febrero de 1530” grabado en papel de Frans Hohenberg .
Dejando la historia y deteniéndonos en su arquitectura, destacaremos de su rico interior, el baldaquino de 1547 de Vignola en la nave central, un riquísimo políptico gótico de madera dorada y policromada, con veintisiete figuras talladas en el altar mayor y pinturas de grandes artistas como el Matrimonio místico de Santa Caterina de Filippino Lippi; impresionantes son sus vidrieras policromadas y el coro de madera del Quattrocento, con sus dos órganos monumentales, el de la derecha, de 1475 y el de la izquierda de 1596. Pero quizá lo más atractivo sea la Capilla Bolognini, cuarta capilla del lado izquierdo, decorada a principio de 1400; tiene una rica «transena» o barrera, de estilo gótico, decorada con columnas, relieves e incrustaciones en mármol, que la separan de la nave. Las paredes de la capilla están pintadas al fresco por Giovanni de Módena (1379–1455) y en ellas podemos contemplar el Viaje de los Reyes Magos, episodios de la vida de San Petronio y quizá el más complejo y controvertido, el Juicio Universal, con figuración de tipo dantesco, dividida en tres espacios, el Paraíso, el Arcángel Miguel y el Infierno con una gigantesca figura de Lucifer, y Mahoma torturado por los demonios en el Infierno, recientemente objeto de controversia en la opinión pública.



La belleza austera del ladrillo y el contraste de claros y oscuros con el mármol, resalta aún más al atardecer, otorgándole una luz y personalidad especial; la PIAZZA MAGGIORE en la que se ubica, es un catálogo de arte: la Sala de la bolsa, el Palazzo d´Acurssio, la Torre del Reloj, el Palacio Comunale o el Palazzo di Enzo Re, completan un espacio cerrado, rodeado de importantes e imponentes edificios, construidos en su mayoría entre los siglos XIII y XVI, que dan grandeza a esta maravillosa plaza.

Tras esta interesante visita, nos encaminamos a la CATEDRAL DE SAN PIETRO cuyo origen se remonta a 1028, año en que se construyó una catedral con un campanario prerrománico que fue destruido en un incendio en 1141. Más tarde, en 1184 fue reconstruido y se realizaron intervenciones a lo largo de los siglos XIV y XV; su estructura actual data en gran parte del siglo XVI. Su alta fachada es típica del barroco y está realizada con pequeños ladrillos rojos y decoraciones de mármol. En su parte inferior destacan pilastras corintias y tres portones, coronados por un frontón.
El interior se caracteriza por una nave única con capillas laterales, tres en cada lado. La bóveda de cañón es muy luminosa gracias a las siete ventanas grandes que aportan luz natural. El altar mayor está realizado con mármoles polícromos y es obra de Alfonso Torreggiani. Elementos muy destacables son el ábside semicircular, coronado con una grande luneta, donde está pintada la Annunciazione, obra de Ludovico Carracci y el valioso crucifijo romano de madera de cedro.
De entre las numerosas obras de arte de la catedral destaca el grupo de esculturas de terracota llamado «Cristo Muerto con las Marías llorando«, realizado por Alfonso Lombardi a principios del siglo XVI.



Acabada la visita nos dirigimos a uno de los complejos más interesantes del centro histórico de Bolonia, la BASÍLICA DI SANTO STEFANO, LA “IGLESIA DE LAS SIETE IGLESIAS”, un conjunto de iglesias que se convirtió en meta de peregrinación para los fieles que no podían llegar hasta Tierra Santa. Todo estaba dentro de sus muros: desde el Santo Sepulcro hasta el patio donde Poncio Pilatos se lavó las manos.

La iglesia más antigua del complejo es la de Santi Vitale e Agricola, construída hacia el 393 y dedicada a los dos mártires martirizados en Bolonia. Junto a esta iglesia encontramos un edificio octogonal con una cúpula dodecagonal, es la llamada Basílica del Sepulcro, construcción inspirada en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. El proyecto se atribuye a San Petronio, considerado el santo patrón de la ciudad y obispo de Bolonia entre 431 y 450. Junto a la Basílica del Sepulcro encontramos la Chiesa del Crocifisso, construida en el siglo VIII, en una época en la que gran parte de Italia estaba bajo el dominio lombardo (568-774).



Detrás de la Basílica del Sepulcro hay un patio, el Cortile di Pilato, que también puede datar de la época de Petronio. La iglesia de la Santísima Trinidad (Trinità) al otro lado del patio parece ser de la misma época, pero no se sabe con certeza.A principios del siglo X, el Complejo de Santo Stefano fue destruido durante una invasión magiar. Entre los siglos X y XII fue reconstruido posteriormente en estilo románico por los benedictinos allí establecidos. Estos hombres también fueron responsables del elegante Claustro, cuya parte inferior data del siglo X y la superior del XII. A partir de 1880, el complejo fue remodelado a fondo. Luego obtuvo su aspecto actual, sin perder su carácter románico.La hermosa plaza donde se ubica el conjunto religioso está presidida por el PALACIO ISOLANI, edificio del s XV de estilo románico-gótico, perteneciente a una de las más poderosas familias bolognesas. Hoy en día es una galería que alberga restaurantes, cafés y lujosas tiendas de prestigio que satisfacen a los amantes de lo exquisito.


Por la noche cenamos en Da Michele, de nuevo en Piazza san Martino, unas pizzas estupendas y enormes que no fuimos capaces de terminar.Para el día siguiente, domingo, último de nuestra estancia, dejamos la visita del PALACIO DE ACCURSIO, así como de la Torre del Reloj y del Museo de la ciudad, que reservamos previamente; el también conocido como Palacio Comunal, es uno de los edificios más emblemáticos de Bolonia y se encuentra en la majestuosa Piazza Maggiore. Este palacio tiene una rica historia, ya que comenzó como residencia del jurista Accursio en el siglo XIII, maestro de derecho de la Universidad Boloñesa, para albergar desde 1336 la sede del Ayuntamiento de Bolonia.

Fue restaurado en el siglo XV momento en el que se añadió la impresionante Torre del Reloj y un Carrusel con autómatas de madera (la Virgen con el Niño y la procesión de los Magos); es una interesante experiencia atravesar patios y subir escaleras, desde la espléndida Sala Farnese hasta llegar al mecanismo propulsor del reloj, verdadero corazón de la torre; sus estrechas y frágiles escaleras de madera, custodiadas por un empleado municipal, permiten llegar a lo alto de la torre desde donde se disfruta de unas vistas impresionantes de la ciudad.





Al bajar de la Torre, visitamos las Colecciones Municipales de Arte, donde la exposición de pinturas, objetos de arte, muebles, porcelanas y textiles, abarca desde la Edad Media hasta nuestros días. Pero lo que verdaderamente llama la atención por su amplitud es la Escalera cordonada del siglo XVI, atribuida a Bramante, diseñada para el ascenso triunfal a caballo de los representantes del gobierno de la ciudad; subiendo por ella pudimos acceder a los suntuosos salones, Sala d’Ercole, Sala del Consiglio Comunale, Sala Farnese, Capilla Farnese, Sala Rossa y Sala Urbana, así como a las logias y capillas.CHIESA DEL SALVADOR. Al salir del Palacio Comunal y caminando por las estrechas calles bolognesas, descubrimos una iglesia monumental, la Chiesa del Salvador, un impresionante edificio barroco escondido en el corazón de la ciudad, cuyo estilo refleja las tendencias artísticas de la arquitectura del siglo XVII. Su fachada es como tantas de la ciudad, de líneas simples, decorada con cuatro nichos de terracota que representan a los evangelistas, inicialmente pintados en el s. XVI en color bronce; otras tres estatuas de cobre se colocaron en los ángulos del frontón superior. El portal central está flanqueado por dos grandes columnas sobre las que se asienta un gran ventanal que ilumina el rico interior de la iglesia, en el que sus ocho capillas laterales, contienen importantes pinturas como El políptico de Vitale da Bologna, que data de 1353 y representa la coronación de la Virgen y el martirio de Santa Catalina; muy del barroco es el uso de iluminación dramática y los efectos teatrales que se evidencian en el gran retablo realizado entre 1610 y 1620 por el pintor Carlo Bononi, en el que destaca la tabla del Trecento tardío La Madonna della Vittoria, o la Ascensione di Cristo.



En los lados del crucero, colocados simétricamente respecto al ábside, se ubican sendos órganos que datan del siglo XVIII; el de la derecha, que aún continúa usándose, contiene el material fónico de Vincenzo Colonna de 1621. En medio de la nave se encuentra la tumba de Giovanni Francesco Barbieri, conocido como Il Guercino, uno de los pintores italianos más aclamados en la primera mitad del siglo XVII, del que podemos contemplar su estilo “tenebrista” en dos de sus lienzos expuestos en el Museo del Prado, Susana y los viejos y San Pedro liberado por un ángel; el pintor fue anfitrión de visitantes tan distinguidos como nuestro admirado Diego Velázquez en 1629.Acabada la visita nos encaminamos hacia la BASILICA DE SAN FRANCISCO en cuyos jardines se alzan las TUMBAS DE LOS GLOSADORES. Pero empecemos por conocer la iglesia. La Basílica de San Francisco, construida entre 1236-1263, ha sido calificada como de estilo románico-paduano. Llama la atención su fachada románica enteramente en ladrillo; también del siglo XIII son el portal y sus bajorrelieves hechos en piedra blanca, cuyas formas han sido tomadas del estilo gótico francés; está dividida en tres partes por pilastras y decorada con cuencos de cerámica y en la parte central cuenta con un pequeño rosetón.

El portal se abre a un pórtico avanzado con cúspide, colocado para proteger y cubrir el ingreso principal a la iglesia; es de mármol flanqueado por bajorrelieves hechos en piedra blanca, llamados «Pluteos venecianos«, probablemente del siglo VIII, utilizados en las iglesias medievales para dividir espacios.



Su interior es de planta de cruz latina con pilares octogonales y paramentos enfoscados y pintados en blanco; destaca el retablo de mármol de su altar mayor con escenas de la vida de San Francisco; su estilo es una mezcla de elementos románicos y góticos.
De particular interés, cerca del ábside, se encuentran los llamados MONUMENTOS FUNERARIOS DE LOS GLOSADORES, Le Tombe dei Glossatori, o Tumbas de los Glosadores, son una serie de tumbas monumentales, dedicadas a destacados juristas, -profesores en su mayoría de la Universidad de Bolonia-, por su labor de interpretación y análisis del cuerpo legal romano. Estos eruditos, conocidos como glosadores, eran famosos por su trabajo de anotación y comentario de textos de derecho romano a los que añadían notas explicativas llamadas “glosas” para aclarar pasajes legales complejos. Como ya mencionamos, la Universidad de Bolonia, fue particularmente famosa por su escuela de derecho, durante la Edad Media.
Los monumentos funerarios pertenecen a los juristas Accursio y a su hijo Francesco d’Accursio, a Odofredo y a Rolandino dei Romanzi, cuyas glosas jurídicas testimonian la importancia de la Escuela de Bolonia en la historia del derecho que sentó las bases de los sistemas legales de muchos países europeos modernos.



De las tumbas hay que destacar su estilo arquitectónico que combina elementos románicos y góticos; cada tumba consiste en un sarcófago de mármol colocado bajo un dosel sostenido por columnas. Los doseles a menudo están adornados con intrincadas tallas y esculturas que reflejan los estilos artísticos del siglo XIII. Las tumbas despuntan en el paisaje por ser estructuras exentas, un diseño que era relativamente raro en Italia en aquella época.
Volvimos sobre nuestros pasos para llegar al centro y en el camino descubrimos LA BASÍLICA DE SAN DOMENICO, iglesia boloñesa que contiene obras de arte de valor incalculable, de autores como Guercino, Filippino Lippi y Ludovico Carracci.

En el interior se conserva la Capilla de San Domenico de Guzmán construida para guardar los restos del santo, depositados en una magnífica arca; en 1264-65 se encarga al escultor Nicola Pisano de la realización de los bajo relieves del Arca-sarcófago de Santo Domingo y lo finaliza en 1267. El arca está adornado con esculturas de Miguel Ángel y Alfonso Lombardi, y coronado por un cimacio marmóreo del s. XV.

El coro de madera es otra joya, obra maestra de la incrustación renacentista, de Fray Damiano da Bergamo, admirada y elogiada por el mismísimo Emperador Carlos V y considerada por sus contemporáneos como la octava maravilla del mundo. La sillería del coro es una de las cimas del arte de la taracea lignea, que con Damiano Zambelli casi alcanza la perfección. La colaboración de Fra Damiano con Vignola y otros artistas, produce a mediados del XVI obras tan difíciles de superar como esta sillería de la iglesia de Santo Domingo.



La iglesia presenta también un campanario, construido en 1313 en estilo gótico con una altura de 51 metros. El Convento de San Domenico conserva una Biblioteca, con un patrimonio de 90.000 volúmenes, sobre temas de filosofía, teología, historia y espiritualidad dominicana.Tras esta visita y de vuelta al centro, nos detuvimos en una de las heladerías más recomendadas de Bolonia, en Piazza Cavour, donde probamos unos helados exóticos y sabrosísimos. Y como se acercaba la hora de la partida y ya de camino a nuestro alojamiento para recoger las maletas, nos detuvimos unos momentos en la magnífica PIAZZA NETTUNO, para admirar una vez más la belleza de este impresionante conjunto arquitectónico y retenerlo en nuestra memoria.


Abandonamos Bolonia, -conocida como la Dotta, la Rossa e la Grassa (la docta, la roja y la gorda o rica en sabores)-, con la sensación de dejar tesoros por descubrir pero con la certeza de haber disfrutado al máximo de una de las ciudades culturalmente más prestigiosas de Italia.