La vegetariana. Han Kang

El pasado mes de febrero leí por primera vez a la autora surcoreana Han Kang, no sólo por haber recibido el Premio Nobel sino por los elogios que gran parte de la crítica, hacía de su narrativa. La obra que escogí fue “La clase de griego”, lectura  -de la que hice una reseña  que podéis encontrar en este mismo blog-,  que me sobrecogió  y   me animó a seguir descubriendo el difícil e inquietante  mundo novelístico de esta autora.  Y así lo he hecho, leyendo esta vez “La vegetariana”, obra que ha recibido una gran publicidad tras el galardón y que no deja a nadie indiferente.  La novela crea un mundo narrativo basado en personajes sobrepasados por traumas infantiles  que salen a la luz de una manera poco convencional,  dinamitando  las normas establecidas por una sociedad, en este caso la coreana, abusivas y despóticas  pero comúnmente  aceptadas.

La novela está estructurada en tres partes, La vegetariana, La mancha mongólica y Los árboles en llamas;  cada una de ellas es relatada por un miembro de la familia protagonista de la narración. Serán por tanto tres narradores, quienes contarán en primera y en tercera persona,  un tramo de su vida,  -aparentemente estable-, y el momento en el que incomprensiblemente para todos, se rompe en mil pedazos, convirtiendo su existencia en una  pesadilla;  Yeonghye, la vegetariana,  será la principal víctima.

Las distintas miradas de los narradores, no sólo nos van a descubrir las patologías de Yeonghye, su negativa a comer carne, su depresión, su baja autoestima o sus dificultades sociales, sino que nos van a permitir ahondar en la psicología de cada uno de ellos, para explicar sus conductas,  procesos mentales y  emociones. 

 La primera parte es  narrada en primera persona por Cheong, marido de Yeonghye,  un hombre mediocre, anclado en las tradiciones coreanas, que relatará su metódica vida, su agobiante trabajo, su relación con el alcohol y  la anodina convivencia con su mujer,  detallando su intimidad y confesando fríamente las razones por las que  la escogió… ¡Acaso no la había seleccionado con cuidado por ser la mujer más corriente del mundo!…; ante el cambio  sufrido en  el comportamiento de  Yeonghye,  lejos de comprenderla, se avergüenza de ella ante los colegas del trabajo y la familia,  y sin ningún tipo de remordimiento,  decide abandonarla a su suerte.

En esta parte, intercalada en la narración de su marido y diferenciada   gráficamente en cursiva,  la propia Yeonghye, abrirá  al  lector su turbulento  mundo onírico, plagado de  sueños cruentos y sanguinarios, de violencia y obsesión  por la muerte,  que derivará en    una anorexia nerviosa y  esquizofrénica… Veo un edificio rojo, como un granero. La puerta es una estera de paja que se agita lánguidamente. La enrollo y entro; veo lo que está adentro. Del tallo de un bambú cuelgan enormes y rojos bultos de carne, la sangre aún gotea. Intento abrirme paso entre la carne, pero la carne no se acaba, no hay salida. Siento la sangre en la boca, como mi piel succiona la ropa empapada de sangre….; sus sorprendentes decisiones  la alejarán de las expectativas familiares, arrastrándola por  una deriva de  conductas autodestructivas y  trastornos de la  personalidad,  en busca de su propio yo, que se manifiestan en la decisión de no comer carne. 

La segunda parte es narrada por Jung-woo,   cuñado de Yeonghye, un artista plástico insatisfecho que no logra encontrar su camino y que, cuando lo hace, escoge el más arriesgado, obsesivo  y menos convencional,  arruinando su vida familiar y profesional; el detonante  es haber sido  testigo de una escena traumatizante,  la explosión emocional de su cuñada ante  la agresión del padre, punta del iceberg del maltrato vivido por Yeonghye desde la infancia,   de la indiferencia  de su marido y de la pasividad de los miembros de su familia; desde el momento en que la lleva  al hospital y  contempla en su espalda su “mancha mongólica” le invade una sensación de vacío y hastío y siente..que no podría trabajar durante un tiempo. Se sintió agotado, la vida le pareció detestable y se le hicieron detestables todas sus manifestaciones…sus obras ya no le pertenecían Eran de alguien que había conocido, mejor dicho, de alguien que había creído conocer…, así como   la necesidad de pintar la piel de Yeonghye con  flores y plantas  y de fundirse en su cuerpo,  traspasando  todos los límites; mientras permanece allí con ella,  empieza a ver a su cuñada, -a la que siempre consideró más atractiva que su mujer-, como un objeto estético que despierta su deseo y su creatividad dormida, y percibe su extravagante   comportamiento como fuente de inspiración… Mientras la pintaba en el atelier del amigo le pareció un ser sagrado, un ser del que no se podía decir ni que fuera humano ni animal, o quizá un ser que estaba entre la vegetalidad, la humanidad y la animalidad.

La tercera parte es narrada por  Inhye,  esposa de Jung-woo  y hermana mayor de  Yeonghye, personaje sumiso y luchador, que llena su vida con el trabajo y el cuidado del hijo, justificando las carencias de su marido  y  olvidándose de sí misma; acabará comprendiendo  las causas que han abocado a su hermana a convertirse en vegetariana,  desprendiéndose de lo que la reprime para encontrar una forma de vida  acorde con la naturaleza; Inhye cuidará a Yeonghye  hasta el final, preguntándose de un modo agónico si hubiera debido proteger más a su hermana¿No podría haber evitado todas esas  cosas?  ¿Que las vidas de las personas se desmoronaran como una montaña de arena?; También ella había tenido ideas suicidas,  no le gustaba su vida, ni su marido pero su aceptación  y conformidad le impiden tomar decisión alguna ….su vida nunca había sido su vida……Supo que ella estaba muerta desde hacía mucho tiempo que su dura vida no era más que teatro y fantasmagoría…; por eso  valorará  el coraje de Yeonghye  para romper con todo y  buscar  su libertad individual, acompañándola en el  calvario que vive en el  hospital psiquiátrico…Quisiera gritar con todas mis fuerzas. Quisiera salir corriendo por la oscura ventana. ¿Entonces podré desembarazarme de esa masa que me obstruye el pecho?

Nadie puede ayudarme, 

nadie puede salvarme,

nadie puede hacerme respirar…

La autora define cada una de las partes  como un relato independiente,  con un mismo eje temático, la metamorfosis de la protagonista, las causas que la provocan y los efectos y reacciones de su entorno;  de ahí que se repitan las mismas escenas en las tres partes  desde los distintos puntos de vista de los narradores; no es de extrañar esta técnica ya que la autora, recurre a las mismas imágenes en diferentes libros, como si fueran obsesiones; concretamente recupera la dura escena del perro que muerde a la niña, utilizada   en su novela  “La clase de griego”; con ello no sólo intensifica la historia  sino que aporta  una visión continuista de la compleja realidad.

El relato consigue su gran  fuerza narrativa a través de la descripción descarnada de la estancia de Yeonghye en el hospital psiquiátrico; el minucioso detallismo del deterioro físico y mental y el ritmo trepidante de la narración consiguen un relato potente, de un realismo aterrador, que provocan en el lector una gran turbación; la violencia ejercida contra Yeonghye con el fin de obligarla a ingerir alimento, desemboca en su deseo irracional de desnudarse de lo humano, donde no encuentra  comprensión  para formar parte de la naturaleza, de los bosques, de las plantas y encontrar la paz que necesita;  la dureza de las imágenes convive con  la  sensualidad de las descripciones de la naturaleza,  que, lejos de rebajar la tensión, siguen suscitando una gran  inquietud; porque sus descripciones son frías, lacónicas, desnudas de poesía Escurre el agua de su paraguas doblado. El suelo del autobús ya está mojado y luce un color negro brillante. El autobús corre a gran velocidad bajo la lluvia.. Esforzándose por conservar el equilibrio, ella avanza hacia el fondo del vehículo. (…) La espesura de árboles sumergida en el fuerte aguacero parece un gigantesco animal soportando el rugido de la lluvia…diríamos que el  narrador objetivo  no empatiza… Ella esta mirando la carretera mojada po la lluvia…La lluvia cae con tanta fuerza que parece que va a atravesar el paraguas que lleva sobre su cabeza. No es muy joven. Tampoco se puede decir que sea bonita…Se ha maquillado ligeramente de un modo natural y su blusa blanca de manga corta está limpia y sin arrugas…

La huída de Yeonghye  nace de los sueños, que, como a nuestro querido Don Quijote, la llevan a la locura. Al final confiesa a su hermana  su deseo de… integrarse en la naturaleza y vivir en otro orden distinto del establecido… así como  la percepción de que…  todos los árboles del mundo le parecen hermanos…; en este anhelo de  transformación  arbórea, cómo no recordar el soneto de tema mitológico de Garcilaso de la Vega, Dafne y Apolo, -recreación de un episodio de las «Metamorfosis» de Ovidio, en el que la ninfa se convierte en árbol para huir de un destino no deseado.

A Dafne ya los brazos le crecían

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que al oro escurecían.

La causa, siempre ha sido la misma,  la violencia ejercida contra la mujer; por ello el anhelo de Yeonghye se materializa en  encontrar un nuevo equilibrio, en vivir en  una sociedad más humana, más libre, sin  ataduras ni condicionamientos sociales que obliguen a los individuos a frustrar sus deseos para satisfacer los deseos de los demás.

Las dos hermanas finalmente, se asisten en la frustración y en la tragedia  y en ese último viaje en ambulancia hacia el hospital de Seúl, se unen con la esperanza de encontrar una salida y de que lo vivido haya sido un sueño del que puedan despertar.

Esta novela de Han Kang, plantea situaciones incómodas, reales y de gran crudeza que desembocan en problemas de salud mental, enquistados en nuestro tejido social y aún no resueltos. La supremacía de los padres sobre los hijos, de los maridos sobre las mujeres, de la apariencia sobre la realidad,  perviven en  sociedades como la coreana invalidando a la mujer como persona, convirtiéndola en una pieza del juego, en el que todos sus movimientos están predeterminados. El grito de Yeonghye, debe mantenernos alerta ante iniciativas,  cada vez más evidentes, que buscan anular la libertad de las mujeres.

Un libro inclemente, de gran dureza, necesario para despertar cualquier espíritu adormecido.

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