La clase de griego, Han Kang

Sí, el tiempo «Un fuego que me consume». Jorge Luis Borges.

La novela que voy a comentar se titula  La clase de griego, de la Premio Nobel de Literatura 2024, Han Kang, escritora surcoreana y primera mujer asiática que ha obtenido este preciado galardón; una autora que nos atrapa con su prosa minimalista, en la que la aparente sencillez descubre un mundo turbador de carencias, sufrimientos y  enfermedades. El libro comienza con la descripción de dos personas, un hombre y una mujer; él,  profesor de griego,  acechado por una inminente  ceguera, lleva unas   gruesas gafas y  muestra una cicatriz en el rostro;   ella, su alumna, una mujer joven vestida de negro, encogida sobre sí misma,  evidencia su tensión interior  en los espasmos de su párpado izquierdo y en los labios fuertemente apretados; la enfermedad y la incomunicación les han convertido en personas solitarias,  inmersas en su mundo, pero el destino les han unido de un modo casual en  una academia de idiomas cuando ambos  eran presa de  la desesperación y la derrota.

Cada uno arrastra una anomalía; la de ella,  una sensibilidad extrema  y un amor a las palabras que le lleva a sobrecogerse con los  sonidos asociados a las letras desde la niñez… «Las palabras que anotaba en las últimas páginas de su diario cobraban vida y se unían por sí solas creando oraciones insólitas. Por las noches, el lenguaje penetraba en sus sueños como un punzón, provocando que se despertase sobresaltada…,  hasta quedar  aprisionada por el lenguaje… y no soportaba la claridad escalofriante de las palabras que pronunciaba cada vez que abría la boca…,  y sentirse herida hasta el extremo de perder el habla y quedar sumida en el  mutismo más absoluto de un día para otro, en el invierno en que cumplió dieciséis años, … Aquello le ocurrió por primera vez el invierno en que cumplió dieciséis años. Por muy insignificante que fuera la frase, dejaba traslucir, con la fría claridad de un trozo de hielo, la perfección y la imperfección, la verdad y la mentira, la belleza y la fealdad. Sentía vergüenza de las oraciones que se desprendían de su lengua y de sus dedos como blancos hilos de telaraña. Le daban ganas de vomitar. Y de gritar….

Los Saltos en el Tiempo y en el Espacio, nos permiten presenciar diferentes momentos de la vida de los dos personajes; a ella, la alumna sin nombre, desde su aislamiento escolar, ya perdida el habla,  a sus recuperaciones siempre ligadas al estudio de una lengua;  de su visita al psiquiatra con 16 años, a sus clases de  griego con 35 y sus paseos nocturnos vagando por Seúl; y volverá  a sus 8 años y recordará  la muerte de su perro y el trauma de ser mordida cuando fue a ayudarlo y saltará  inmediatamente a sus 20 años para verse en  el entierro de su padre o a los 30 en los que mostrará la  frustración de su divorcio y el  desgarro de  perder a su madre y no tener a su hijo consigo. Y siempre en silencio, con una incapacidad  que la aboca  a la incomunicación y a la soledad… Había dejado de pensar con el lenguaje. Se movía y lo comprendía todo sin acudir a la lengua… (…)… Podía oír y leer cualquier palabra, pero no podía abrir la boca y pronunciar los sonidos. Era un silencio frío y extraño, como una sombra sin cuerpo, como el tronco vacío de un árbol muerto.

El segundo protagonista, el profesor, también anónimo,  es un joven que emigró a los 15 años  a Alemania con su familia  y que ha vuelto a Seúl, ciudad de la que partieron, con 31 años,  para vivir  su independencia, superar una ruptura amorosa y no ser una carga para su familia; arrastra, como el personaje femenino, una singularidad que va a condicionar el resto de su vida, una enfermedad genética que derivará en ceguera.

No sólo el profesor y la alumna  narrarán en primera persona momentos decisivos de sus vidas, sino que un narrador omnisciente,  que parece acompañarlos y conocer todo de sus vidas, describirá con detalle su estado de ánimo, su padecimiento  y agonía   …..Desde que ha perdido el habla, hay ocasiones en que ese extraño mundo se superpone al que ven sus ojos, como le ocurre ahora en el autobús que fluye a través del duro y oscuro bosque de la noche transportando su cuerpo exhausto.

A la narración y la descripción hay que sumar las cartas, una relación epistolar que el profesor mantiene con los seres queridos que permanecieron en Alemania y que   le ayudan a seguir adelante alimentando su  mundo de soledad;  en las Cartas  a su hermana,   revive  el mal carácter de su padre y el desamor que sufrió desde su  infancia … Él (el padre) también nos comparaba. Le decía a mamá que yo era manso como una chica y que no sabía hacer otra cosa que estudiar, que le habría gustado tener un hijo tan extrovertido y franco como lo eras tú, un hijo que al crecer se convirtiera en un hombre de verdad; en  otras cartas escribe a su primer amor, una  joven indú aquejada de sordera, en las que recuerda su amor perdido, con un lenguaje bellísimo, cargado de emoción  y desconsuelo estar enamorado es estar poseído…, así como   sus conversaciones sobre la existencia de Dios y sus largas argumentaciones para demostrar su inexistencia; en las cartas a su amigo Joachim Grundell,  aflora el sentimiento de pérdida y dolor ante la temprana  muerte de su amigo de la adolescencia No lo puedo entender. Tú eres el que ha muerto, pero siento que todo me abandona. Tú eres el que ha muerto, pero son mis recuerdos los que sangran, se manchan, se oxidan y resquebrajan…; en ellas  evoca a su compañero de estudios con el que debatía  sobre la filosofía de Platón  y su teoría de que  “los sentidos muestran un mundo imperfecto y cambiante, no la verdadera realidad¿Quizá me había sentido atraído hacia el mundo invertido de Platón por la razón que tú me planteaste? ¿Por la misma razón por la que me fascinó el budismo?. Es decir, ¿porque sabía que inevitablemente llegaría el día en que dejaría de ver y perdería el mundo sensible?.  Un amigo con el que se intuye una relación especial de amor/amistad no aceptada… Porque tu deseo creció a medida que pasaba el tiempo, porque yo me resistí a ese deseo, porque destruiste con tus propias manos lo que había entre nosotros, porque hui a toda prisa dejándote una herida profunda, porque te eché la culpa de todo, porque no pude dormir de lo mucho que te eché de menos, porque te añoré con locura deseando que tú no fueras tú.

En la novela es significativo el mundo de los sueños, donde  los personajes llegan a desdibujar los límites de lo real y lo soñado, provocando que sus traumas  emocionales naveguen de un mundo al otro… No hay ningún niño junto a ella. Tumbada inmóvil en el borde de la fría cama, invoca el sueño una y otra vez para poder besar los tibios párpados de su hijo. Lo onírico es su refugio y adquiere en ambos una gran relevancia, al conformar un universo más allá de los sueños que se expande hacia la vigilia, en apariencia irreal, casi parte de la ensoñación; sueños obsesivos,  sueños en vigilia, sueños soñados, sueños que se incorporan de manera dolorosa en su realidadEn ese sueño repetido infinidad de veces, le explotaba una pústula de la boca y manaba la sangre y el pus. Se le movían los dientes delanteros como si se le fueran a caer y escupía un coágulo de sangre mezclado con flema. Veía una mano desconocida que le tapaba la boca con una bola de algodón dura como una roca. Lo hacía con determinación, como atajando al mismo tiempo la sangre y los gritos… y de un modo  desasosegante, sus respectivas carencias y enfermedades les oprimen y no les dan respiro…Confirmo con calma que no tengo a donde huir, salvo al mundo al mundo de los sueños.

La confusión y la obsesión se manifiesta en una  narración  reiterativa donde los  juegos de palabras y las repeticiones evidencian  que sus heridas siguen abiertas… Ella podía ver su cara reflejada en las redondas pupilas del pequeño; y en los ojos de su reflejo, veía la cara reflejada del niño; y en los ojos de ese reflejo, se reflejaba de nuevo su propia cara… y así hasta el infinito…(…)…Se vio a sí misma reflejada en silencio en sus ojos; y dentro de ese reflejo, se vio de nuevo reflejada en silencio, y una vez más… y así hasta el infinito.

La elección intencionada de la frase breve, ayuda a describir con un ritmo dinámico, el vacío de calles sin nombre de las que resalta  detalles cálidos y coloristas, que contrastan con el vacío interior de los personajes… Ella no mira la pantalla del televisor. La invade un cansancio abrumador, pero aunque cierra los ojos no puede dormir, así que mira a través de la ventanilla (…)El autobús recorre calles que permanecen iluminadas durante toda la noche. En la nevera de una cafetería se ven muffins y tartas de colores. En el escaparate de una joyería cerrada brilla un collar con un enorme diamante falso. Un conocido actor sonríe desde un gigantesco póster que cubre toda la pared de un edificio…;  pero al  describir  sentimientos el ritmo se mitiga para adoptar la  forma de poema en verso libre...

Antes de separarte por completo de mi cuerpo, 

me diste un lento beso en la boca,

en la frente,

en las cejas,

en ambos párpados.

Fue como si me besara el tiempo.Cada vez que se encontraban nuestros labios, la oscuridad se hacía más densa. 

La quietud se acumulaba como la nieve que borra para siempre todas las huellas

y nos iba cubriendo en silencio las rodillas, la cintura, y por fin la cara.

O de prosa poéticaCon los ojos cerrados, él busca a tientas la parte más suave de su rostro. Acerca la mejilla a los fríos labios de ella. Sin abrir los ojos, él le besa las cejas, el cabello húmedo cerca de la oreja. Como un eco respondiendo en la lejanía, ella le roza la ceja con las yemas de los dedos de su mano fría; luego resigue el contorno de su oreja y la cicatriz desde el borde del ojo hasta la comisura de la boca. Sus corazones y sus labios se superponen para siempre, uno sobre el otro.

La metalingüística  lo inunda todo; el amor a la lenguas lleva a la autora a convertir en tema, la gramática, las oraciones, los pronombres, el léxico, la semántica y la poesía; y también la metaliteratura, que enfoca a los autores y a la propia literatura, como  objeto de reflexión y análisis; es el caso de Borges cuya presencia palpita en la novela a través de  sus pensamientos, del recuerdo de sus obras y de  su ceguera, compartidas todas por el profesor de griegoEl mundo es una ilusión y la vida es un sueño  Borges…sin embargo mana la sangre y brotan las lagrimas.

Es una novela interesantísima, difícil, que contiene en sí muchas novelas y muchas vidas problemáticas de personas frágiles que luchan en un mundo insensible,  ajeno a los trastornos y enfermedades ajenas. Los personajes indagan sobre el sentido de la vida y  buscan respuestas en la filosofía platónica y aristotélica, en el budismo, en la enseñanza, en el estudio de las lenguas, en el amor y en la enfermedad. La sordera, el mutismo, la ceguera y otras enfermedades, marcan a los personajes de esta novela, a la vez  turbadora e inquietante, desgarrada y desgarradora, que sólo encuentra equilibrio en la elaboración poética a la que se aferra como un naúfrago a su tabla de salvación. La poesía esa trasmutación de la realidad,   es lo que alienta la esperanza, el encuentro y la sanación.  

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Han Kang es una escritora y periodista surcoreana, nacida en la ciudad de Gwangju el 27 de noviembre de 1970. Pasó gran parte de su infancia en su ciudad natal antes de mudarse con su familia a Seúl, donde estudió Letras en la Universidad Yonsei y una vez graduada trabajó como periodista para revistas como Samtoh o Publishing Journal, además de empezar a publicar sus primeros cuentos y relatos cortos.

Debutó con El amor de Yeosu, trabajo publicado en 1995, y continuó con libros importantes para su carrera como La vegetariana, obra que la llevó a ganar en 2016 el prestigioso Premio Man Booker International Prize. Hasta ahora ha publicado cuatro recopilaciones de cuentos y ocho novelas, un libro de poesía y ensayos. La vegetariana y La clase de griego, han sido traducidas al japonés, español, francés, vietnamita y otras lenguas.​

2 comentarios sobre “La clase de griego, Han Kang

  1. Hola, Cecilia:

    Sólo he leído «Imposible decir adiós». Al leer tu reseña veo que aún manteniendo ambas novelas muchos elementos en común (lo onírico, la reflexión sobre la creación, la duplicación o repetición de elementos…) en ‘La clase de griego’ estimo -por lo que acabo entendiendo de tu reseña- hay más reflexión, más profundidad filosófica que en la que yo he leído. En Imposible es decir adiós también la hay, pero la realidad horrorosa de las masacres realizadas en el país en el pasado imponen que el plano real surja del fondo de los sueños repetitivos que los dos personajes (sí, también dos personajes) sufren desde que indagaron en ese pozo de la historia oculto durante tantos años.

    Seguiremos leyendo a Han Kang, ¿no?

    Besos

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