Carta Puebla, Concha Romero. Teatro escrito por mujeres

Concha Romero Pineda es una dramaturga y guionista cinematográfica española, nacida en Puebla del Río, Sevilla. Desde  muy joven mostró interés por el teatro integrándose en el Grupo de Teatro Universitario de Sevilla. Posteriormente se trasladó a la Universidad de Salamanca donde estudió  Filología Clásica y desde allí a  Madrid, para  estudiar  Arte Dramático en la Escuela de Cinematografía; fue coguionista con la directora Cecilia Bartolomé  de la película Vámonos Bárbara,1978,  en el guión  La niña bonita y    en el proyecto de la serie Los Omeyas,  para TVE. 

Como dramaturga se dio a conocer en la década de los 80, época en la que junto a otras escritoras,  fundó  la  asociación Autoras en Democracia. Publicó  en 1983 su primera obra teatral,  Un olor a ámbar en la editorial La Avispa,  donde  se gestó la Asociación de Autoras de Teatro, con Patricia O´Connor y Julia Garcia Verdugo de la que la autora fue socia fundadora. Compaginó su actividad cinematográfica y dramática con  la enseñanza del latín en diversos institutos de enseñanza media.

Su obra dramática se engloba en dos tipos de teatro,  el drama  histórico y el teatro actual, enfocado este último, en revisar  las relaciones de  pareja desde un punto de vista feminista.

Como profesora de Teatro, he tenido el placer de poner en escena  con los alumnos de Teatro del  IES Mirasierra de Madrid, algunas de sus obras,  como Un olor a ámbar,  Las bodas de una princesa, Juego de reinas, ¿Tengo razón o no?,  Allá él y Así aman los dioses; en la representación de ésta última, los profesores ocuparon el lugar de los alumnos y se convirtieron  en actores,    una experiencia grata e inolvidable. Señalaré  finalmente sus dos últimas obras El prisionero de Bellver, sobre Jovellanos, en Cuadernos de investigación de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias nº 6-7 2012- 2013  y Carta Puebla, VdB, 2024, obra que nos ocupa,  en la que Concha Romero relata un hecho histórico, la fundación de La Puebla del Río por el Rey Alfonso X en 1272; fue escrita en 2017 a petición de Miguel Nieto, director de teatro, y de Rogelio de la Carrera, entonces Concejal de Turismo del Ayuntamiento. La obra estaba concebida para ser representada por la gente del pueblo en la explanada de La Barqueta. Unas cuarenta personas estuvieron ensayando para tal fin más de un año. Desgraciadamente Miguel falleció durante los ensayos y el proyecto se paralizó. 

Concha Romero, a la que estoy  sumamente agradecida  por la  amistad y confianza que me ha mostrado a lo largo de los años, me encomendó escribir el Prólogo de Carta Puebla, cometido que he llevado a cabo con mi mejor  empeño; en él he pretendido  presentar al lector la obra, aportar información sobre su contenido y el espíritu que lo anima,  y sobre todo,  lograr que el lector se sienta atraído y  se acerque a  disfrutar  de  sus páginas.

Con esa misma intención, ahora lo comparto con los lectores del blog que tanta fidelidad me han demostrado. Espero haberlo conseguido.

PRÓLOGO A CARTA PUEBLA

Cuando volvemos los ojos a la Historia,  lo hacemos no sólo por puro placer sino con la esperanza de   encontrar respuestas a conflictos actuales,    idénticos a los pasados, pero trucados con el velo de la moda. Concha Romero,  dramaturga y admirada colega y amiga,  recurre en su última obra teatral  “Carta Puebla” a un hecho histórico,  la fundación de su pueblo,  “La Puebla del Río”,  por el Rey Alfonso X en 1272; y lo hace,  no sólo para homenajear a sus gentes,  costumbres y   folclore, impresos  desde siempre en su memoria, sino para reavivar temas universales,  como el amor, la justicia, la amistad o los conflictos provocados por el abuso de poder;   y para ello se apoya en la estructura de los dramas  de honor del  Teatro del Siglo de Oro,  donde se refleja una sociedad estamental que es  asumida por el pueblo siempre que no se traspasen los límites del honor; la autora refleja una situación social,  urdida con los hilos que ya tejiera Calderón de la Barca en El Alcalde de Zalamea, 1651, con “personajes tipo”, modelos humanos con valores morales prefijados por la tradición,  tales como la dama, el galán, el padre amoroso, el gracioso, los villanos, el capitán del ejército, el alcalde, los regidores o el Rey, que ponen de manifiesto los divergentes intereses de las clases sociales.

Concha Romero actualiza esa base,  humanizando a los personajes encorsetados del Teatro del Siglo de Oro, llenando la escena de vida, de niños y niñas que corretean  por la plaza de la aldea entre los puestos del mercadillo, divirtiéndose  con los juegos de su infancia,  la rueda, el escondite, la piola, el teje; una algarabía  en la que se alzan las voces de las vendedoras que pregonan  los sabrosos burgajos y azufaifas,  los exquisitos  quemaítos y cuñas,   y los  cartuchos de camarones, sábalos y albures,   regalo de un río que en palabras de la autora es belleza y sentimiento. Olores y sabores  de su tierra mezclados con  la música y la  algazara infantil.

No percibimos a la dama y al  pretendiente del teatro barroco, sólo vemos dos jóvenes enamorados, –Casilda y Pablo-, que se saben  libres y sólo piensan en casarse. Y esa misma libertad se la contagia a Pedro, el gracioso, un listillo consentido y querido por las gentes del pueblo. Y en ese “proceso de humanización, descubrimos a los componentes del concejo (alcalde, regidores, el alguacil, el escribano,  el tesorero y los demás hombres) que  luchan por un objetivo común, el bienestar de La aldea de La Guardia, que pasa necesariamente  por convertir la aldea en pueblo… Y con un ayuntamiento de verdad, y no éste de pacotilla que nos hemos “inventao”…,  para defenderlo de las incursiones de los Benimerines venidos del Norte de África.

En todos los personajes advertimos el proceso de bonhomía, excepto en uno de ellos, el antagonista, Capitán Macabeo, personaje tipo que, como en el Teatro del Siglo de Oro, encarna el abuso de poder, una  figura que  ni las leyes ni la educación  han sabido desterrar;  nos recuerda las agresiones a las que ha estado  sometida la mujer durante siglos  por hombres  de estamentos  superiores que utilizaban  sus privilegios para afrentar a las mujeres.

En el siglo XIII, siglo en el que se desarrolla  Carta Puebla, los señores feudales, dueños de tierras y almas, se creían con el derecho de anular la voluntad de cualquier joven socialmente inferior y poseerla aún en contra de su voluntad y en muchos casos con la sumisión de padres y hermanos. Siglos más tarde, en el  XVII, Calderón de la Barca retoma el conflicto en  el Alcalde de Zalamea, obra en la que  Isabel, hija de Pedro Crespo, es raptada, violada y abandonada por Don Álvaro de Atayde, capitán de las tropas de Lope de Figueroa; ella obediente a su padre, calla y acepta casarse con su violador para remediar la afrenta; será Don Pedro Crespo el que imparta justicia, sancionada posteriormente por el Rey.

De la misma manera en  Carta Puebla, el capitán Macabeo esgrime ante el padre de Casilda,  su derecho de pernada o derecho de la primera noche; por  este derecho   se otorgaba a los señores feudales la potestad de mantener relaciones sexuales con cualquier doncella de su feudo que fuera a contraer matrimonio con uno de sus siervos.

Concha Romero da a este conflicto, -verdadera lacra social-, una solución acorde a nuestros tiempos, haciendo que la mujer tome las riendas de su vida; Casilda defiende su honor y su libertad ideando un plan que comunica a padres, novio y amigas con el fin de  arruinar los  infames propósitos del Capitán. Pero será  el Rey Alfonso X, símbolo de  la justicia y el orden quien con su llegada al pueblo, apresará  al capitán tras  declarar que en sus  leyes, recopiladas en el Fuero Real,  el “derecho de pernada” se contempla como un grave delito sancionado con  multa de 500 sueldos y privación de  cargos y libertad.​ También Felipe II  en su viaje a Lisboa para coronarse Rey de Portugal, 1580-1581,  durante su estancia en Badajoz, llegó a  promulgar un edicto en el que condenaba la violencia hacia las mujeres “so pena de la vida”; este hecho histórico parece ser una de las fuentes de “El Alcalde de Zalamea”  obra en la que el Rey, al igual que en Carta Puebla, imparte justicia y prende al cobarde agresor.

La figura del Rey, mantiene  los valores de justicia  y equidad que simbolizara  en el Teatro del Siglo de Oro, pero con un cariz más humano que descubrimos en las dos visitas  que Pancracio, -escribano del concejo y padre de Casilda-, realiza al Alcázar de Sevilla para hablar con el Rey; en la primera, para pedir ayuda  ante las invasiones de los Benimerines y recibir la carta de fundación del pueblo y en la segunda para pedir protección ante el abuso de poder  del capitán, enviado al pueblo para defenderlos;   ambos encuentros  se caracterizan por la  cordialidad y la empatía, valores que por sí solos, crean  un ambiente escénico proclive a las confidencias. Alfonso X,  abre su corazón al labriego, descubriendo sus más íntimos sentimientos,  su amor imposible a Dª María la Mayor, las tensas relaciones con su hijo Sancho o la incomprensión de los nobles hacia su labor legislativa e  intelectual.

Nuestra autora, imperceptiblemente se mueve  por los espacios escénicos, imprimiendo su personalidad y  fluyendo  con sus personajes; como niña, jugueteando   por la plaza del pueblo,  como filóloga, argumentando en la reunión del concejo para elegir el mejor nombre para el nuevo pueblo y  como mujer,  mezclándose con las mujeres  en la cacerolada urdida para acorralar al capitán y  apoyar  a Casilda; concentra en el microcosmos sevillano de  La Puebla del Río, lo que de bueno y malo habita en el hombre, apostando por la justicia,  la convivencia y la libertad. Y lo hace sin estridencias, serenamente, con esa humanidad  que  ha ido esparciendo por toda la obra y que dota a la historia  de verdad, – ligada a la expresión popular del andaluz-, de emoción, -proporcionada por  la música, el baile y las leyendas-  y  de una frescura  conseguida con la gracia y el humor de los hombres del  concejo.

Concha Romero  en Carta Puebla, ha  fundido sus vivencias, su memoria y su pasión  escritora y las ha convertido en literatura útil y gozosa;  Carta Puebla es  tradición y actualidad, es revisión del pasado y voz de alerta del presente; en suma, literatura necesaria.

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Concha Romero firmará ejemplares de sus obras en la Feria del Libro 2024 de Madrid, en la caseta 215, el Domingo 16 de Junio de 12:45 a 15:00.

Un comentario sobre “Carta Puebla, Concha Romero. Teatro escrito por mujeres

  1. Gracias por este artículo.

    Me gustaría contactar con Concha Romero porque estoy interesada en adquiriri los derechos de representación de una de sus obras de teatro, y no encuentro modo de contactar con ella. Por eso me atrevo a pedirles a ustedes, si es posible, que le hagan llegar este mensaje.

    Mi nombre es Esperanza de la Encarnación. Formo parte de la compañía InterpretArte, a.t., y mi teléfono es 680116701.

    Perdonen mi atrevimiento y gracias de antemano.

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