«Quebrada». Mariana Travacio

Hay rencores que no se borran. Anidan, dentro de uno, y van creciendo, poco apoco, hasta que estallan y nos largan todo su veneno.

Quebrada es la crónica de un viaje personal   alentado por el amor, por  la ausencia, por la pobreza y por la dureza de la tierra; un viaje que se anuncia de manera contundente en la  frase que inicia la novela … Me llamo Lina Ramos, soy la esposa de Relicario Cruz.  Hace tiempo le vengo diciendo que nos tenemos que ir, pero él no quiere… y que emprenderán los miembros de la familia en diferentes momentos y por distintas razones; el primero en abandonar el terruño para buscar una vida mejor es  el Tala, hijo de Relicario Cruz  y Lina RamosTrece años tenía, el Tala, cuando vino Camilo con ese asunto de la selva. Que allá había trabajo, con la madera, y que acá no había ni para la sopa…;  el resto de la familia lo hace por amor,  Lina,  para buscar a su hijo y llegar al mar, Relicario Cruz para buscar a su esposa…Se fue porfiada, Lina, a buscar ese arroyo. La última noche discutimos bastante. Yo no quería que se fuera y ella no quería irse sola: quería arrastrarme con ella; estaba emburrada…, acompañado de sus padres a los que carga en la carreta  por amor, por no abandonarlos  bajo una tierra inhóspita… La madre muerta habla con el hijo y le dice que no se puede dejar a los muertos solos. Así que Relicario se lleva en la carrera a sus padres al marcharse del rancho…

La historia que orquesta Mariana Travacio, escritora nacida en Rosario, Argentina,  en 1967,  nos llega hasta lo más profundo, a veces como un susurro, a veces como una herida, muy cerca, siempre;  con un lenguaje llano, sobrio y contenido, LinaRelicario Cruz se van a desahogar con nosotros, alternativamente, primero ella y luego él,   confesándonos  en primera persona   unos  sentimientos que nos conmueven y desgarran al mismo tiempo.   Es un viaje vital en el que cada uno de los personajes  busca rellenar su vacío  y recomponer un mundo personal quebrado por  las ausencias;  en su maleta  viajan la vida, el amor y la  muerte, los tres universales  que Miguel Hernández cantara en su maravilloso poema, “Llegó con tres heridas”; las tres   se van a fusionar  con una naturaleza extrema,  donde las tierras se resquebrajan en su aridez o se inundan y anegan por la fuerza desatada del agua, de la lluvia,  los  vientos y las  tormentas;  un hábitat que engendra hombres coléricos, sanguinarios y  salvajes como los «Loprete«, hijos de Don Luis y Doña OfeliaNo había modo de controlar la furia de esos cuatro locos que corrían desatados y chillaban como poseídos. Al final salieron los peones, a caballo, con las boleadoras, y así los fueron cazando, uno a uno, y los fueron metiendo en las caballerizas, magullados, y ahí nomás los ataron, con esas cadenas, a que esperaran al doctor. Yo no podía creer lo que estaba viendo. Los peones volvían cubiertos de lodo, todos ensangrentados. Y en este mundo extraordinario de antítesis,  de violencia y ternura,  se alza la personalidad creadora de la autora Mariana Travacio,  que con su prosa cálida nos convierte en confidentes de Lina y Cruz, en testigos directos de sus  sueños y desengaños.

La autora establece una estructura externa dividida en dos partes a las que ella titula, primer relato y segundo relato,  cuyos capítulos presentan una  estructura  basada en la alternancia  y en la cercanía; logra la primera  estableciendo un turno de palabra por el que la pareja va contando sus vivencias, ordenadamente, y consigue la cercanía con el uso de la primera persona,  “YO”,  con la que se mueve por el pasadoTardé más de dos horas en desenterrar a mi madre. Yo le iba hablando, poco a pocoy el presente. El carácter confesional que otorga el uso del YO, deja caer en cascada la repetición de estructuras como el estilo indirecto, nacido de la necesidad de contar… Que se llamaba Feliciano, el arriero. Que saldría mañana, muy temprano. Que él me podía llevar, si yo quería. Que conocían bien el camino, él y su burro, porque volvían cada año. Que el camino era largo. Que tardaríamos dos semanas, por lo menos, en cruzar esas montañas…;  la longitud variable de los capítulos, unos largos y otros de apenas una oración,  es otro de los  soportes estructurales.  

En el segundo relato, no serán Lina y Relicario Cruz los que narren, sino otros personajes como Rulfino, -amigo del Tala-, que completará las historias personales de Linda, los Loprete, -terratenientes coléricos-, Camilo Ramos, -hermano de Lina-, Doña Iris,  Olegario y Hermelinda, Don Anselmo que cuidó del Tala,   los Olaya, -dueños del aserradero-, –los Sosa, -mafiosos de la madera-,    sin abandonar la primera persona, para informarnos de la vida de odios y locura de las tierras fértiles…  Me llamo Rulfino Romano y no es verdad que yo me quemara por el afán de acercarme a la luz de esas llamas.

La narración tiene mucho de cinematográfica, ya que muestra la historia a través de  planos cortos, a veces primeros planos, que definen un espacio y lo acercan  al lector. Si a esta cercanía le sumamos la descripción detallista y sutil de los mismos,  el resultado es el de una cámara que logra captar  no sólo personas y ambientes sino el alma de la escena… el hombre se desplomó a los pies de Tulio, como si el aire que traía en los pulmones se le hubiese agotado todo en el último paso. La mano del Tala quedó un rato a destiempo, en el aire, con ese vaso que venía de ofrecerle, mientras Tulio se agachaba primero, y nosotros después, a mirarlo de cerca. Tenía los pómulos para afuera, puro hueso, y el resto de la cara hundida, toda ajada. Le habían quedado los ojos abiertos. Otras veces la cámara, -mirada de la autora-, se aleja para ofrecernos un plano general y describir poéticamente la fuerza del agua, la belleza de la lluvia… Y cuando llueve así, seguido, llueve parejo. Parece llanto obstinado. Y otras veces llueve tormenta. Cuando llueve tormenta, el cielo relampaguea. Ya lo va a ver usted, señora. Son unas luces que hacen como surcos en el cielo y después viene un ruido que a uno lo deja bien sordo. Así es, cuando hay tormenta. Sobre todo, de noche…(…) Ya verá, usted, esos cielos. Y ya verá las nubes. A veces bajan tanto que uno camina entre ellas. Parecen hechas de humo… o el frágil momento de la identificación y el descubrimiento…Y ahí estábamos, mientras el Tala se desahogaba de sus recuerdos, cuando se apareció esa mujer de arrugas tranquilas, con esos ojos claros como el agua, y lo miró, al Tala, con una devoción de milagro, y nosotros nos silenciamos, de repente, porque el mundo parecía detenerse allí, en la  llegada de esa mujer. 
Tanto en  la narración como en   la descripción de «Quebrada», asistimos a la presencia de  lo extraño y singular como algo cotidiano, lo que se ha dado en llamar  realismo mágico, propio de la literatura latinoamericana, en las que rezuma la influencia de grandes escritores como Juan Rulfo o García Márquez y grandes obras como Pedro Páramo o el conjunto de cuentos El llano en llamas; este tipo de realismo se percibe en el momento en el que  Relicario Cruz desentierra a sus padres…  Tardé más de dos horas en desenterrar a mi madre. Yo le iba hablando, poco a poco, para que no se enojara. Le decía: disculpe, madre, que hoy la vengo a remover, pero mañana salimos y no tengo más remedio que sacarla hoy. Y así le iba diciendo, y así iba paleando, y así fue clareando y pude ver que no quedaba cajón. Se lo había consumido la tierra, nomás. Mi madre era de huesos, en ese pozo. La fui sacando de a poco, hueso por hueso, y metiéndola en su cajón nuevo…  o en la presencia de  personajes como Doña Iris, la brujaElla se mantuvo de pie y nos miró a los tres juntos, pero era como si nos mirara a cada uno por separado. Eso tiene Iris: los ojos se le multiplican en tantos ojos como gente tenga que mirar. Se quedó un rato muda, sin quitarnos la vista de encima, y nosotros en un silencio de respeto, sin decir una palabra…; el realismo mágico,  convive con el realismo  brutal de lo real y lo concreto…. Agarraron a Ramos entre cuatro, una noche. Volvió a la pensión arrastrándose. No podía ni caminar, daba pena verlo: tenía los labios partidos, le faltaba un diente, los ojos eran dos bolas de carne negra. Fue la última vez que lo vi y nunca supe para dónde se fue…. (…)… Se me aparecieron dos hombres, con un machete, esa misma madrugada: te vas ahora o te cortamos las manos, a ver si seguís trabajando la madera… y con la expresión amorosa, más tierna y conmovedora… Soy el marido de Lina. Me dijeron que anduvo por acá, camino al mar. Disculpe que la incomode, pero mi mujer me hace falta y la ando buscando. Y la tal Balbina se quedó muda. Y yo no quise que me viera el ansia: que no se preocupara, le dije, que si tenía ganas de decirme, me decía, y que si no, no importaba. (…)… no tengo idea de cómo probarlo, pero Lina es mi mujer y de eso no tengo dudas. Si no fuera mi mujer, no andaría por tierras desconocidas con este burro y con mis padres a cuestas. Estaría en mi rancho, con mi Lina, y no andaría errante, buscándola.

Una expresión en la que se manifiestan las variedades del español de América, tales como  la inserción  redundante de pronombresLo salvó, al Tala, pala buena o el uso de un léxico propioAhora me parece una idea malparida…,  que ubican el texto dándole personalidad.

Mariana Travacio da protagonismo a la naturaleza, a la fuerza del agua, a su capacidad destructora y enloquecedora que cubre y entierra primero, para dejar después al descubierto las perversidades  de los hombres… Siempre me decía que a su hermana, Matilde, se la había llevado el agua, enterita, un abril de ríos crecidos. Se la llevó como se lleva a un cabrito, o a una vaca, de espaldas, patas arriba, sin que tuviera de dónde agarrarse. Así me decía: cuidado, Rulfino, que el agua tanto se lleva a los vivos como a los muertos: los pone a flotar y los deja a todos mezclados, camino al mar, como si fueran una misma cosa. Y a mí, cada vez que se acercan nuestras aguas de abril, me vienen esas pesadillas…, ese elemento tan ansiado  por Lina, ella que lo llevaba en sus ojos… esa mujer de arrugas tranquilas, con esos ojos claros como el agua

La lectura de Quebrada envuelve  desde el principio y embriaga con su estilo magistral, -el final es sobrecogedor-, que habla de la categoría literaria de Mariana Travacio, docente, traductora, articulista, autora de libros de relatos y novelas, y de cuentos que han sido galardonados con  numerosos premios nacionales e internacionales.   

La autora, con  un lenguaje cercano y sincero, al mismo tiempo universal y local, real e imaginario, duro y poético,  consigue una novela atemporal en la que el hombre deja al descubierto las complejas y contradictorias emociones que lo invaden. …Lo miré a Jumento y miré la carreta y miré a mis padres y me pregunté qué hacía ahí: qué hacés acá, Cruz, en esta vida de burro y de carreta y de cajones a cielo limpio y sin saber para dónde. Eso me preguntaba…;  moldea  a sus personajes tanto con palabras como con silencios, -no olvidemos que se   licenció en  Psicología por la Universidad de Buenos Aires-, descubriendo su fuerza interior y abriendo sus  almas en las que tantas veces nos reconocemos.

Os la recomiendo vehementemente. “Quebrada” es una lectura impresdincible  que deja huella.

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Para escuchar el precioso poema de Miguel Hernández en la voz de Joan Baez, pinchar en el enlace https://youtu.be/QDW0eoV9cw0?si=yYtFKBCW5GtWpVbc

2 comentarios sobre “«Quebrada». Mariana Travacio

  1. Como digo en la reseña que de ésta y la que publicó en primer lugar titulada «Como si existiese el perdón», leí las dos novelas en el orden en que fueron publicadas, o sea, primero «Como si existiese el perdón» y luego «Quebrada». Es ésta precuela de la anterior y creo que al leerlas en orden se gana en la comprensión dado que conocemos ya el destino de alguno/s de los personajes que se citan en ésta.
    Para mí lo principal de la historia que se narra en «Quebrada» es el empoderamiento que muestra de la mujer que decide abandonar al marido y salir en busca de la vida, de su vida. Por esto precisamente me fijo mucho en mi reseña en el marido de Lina, en Relicario Cruz quien me llevó a escribir « Es este Cruz un ser que parece salido de la Comala rulfiana o, más próximo a nosotros en el tiempo, del condado de Yoknawpatapha faulkneriano de ‘Mientras agonizo’, o hasta del «bardo» del cementerio donde el presidente Abraham Lincoln deambula y quiere retener a su recién fallecido hijo Willi». Y allí mismo concluyo con un rotundo y sincerísimo « Mucha literatura, pues, contenida en estas pocas páginas de la Travacio.» que es aplicable a las dos novelas que siendo distintas tienen enormes lazos de unión.
    Un beso, amiga mía

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  2. Acabo de leer tu reseña y como siempre, coincidimos en la percepción de la obra. Estoy de acuerdo en las influencias literarias que todos los escritores destilan, no tanto en la similitud con «Lincoln en el Bardo». La relación con los muertos en Travacio es natural, sencilla, doméstica, diría, mientras que en Saunders es agónica. Por lo demás estoy de acuerdo en que es un gran libro en el que la autora muestra su maestría y dominio de la palabra. Un abrazo amigo

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