Viaje a Austria II: De Innsbruck a Salzburgo. Un paraíso de agua

Parte II. La belleza del agua: Ríos, Lagos , Cascadas…

En la crónica de la primera parte de nuestro viaje a Austria nos quedamos despidiéndonos de Innsbruck, ciudad acogedora y bellísima, que nos regaló en la partida  su cara más luminosa, dorada  por un sol otoñal, que matizaba  los colores de sus casas y  sus montañas nevadas.

Y  emprendimos  la segunda parte de nuestro viaje por Austria  que nos llevaría hasta Salzburgo, no sin antes pasar por  el camino de Gerlos  y llegar a las Cataratas de Krimm,  a 50 km de Zeell all see, donde pernoctaríamos. Y en esta carretera tan conocida, cerca ya del pueblo de  Gerlos, vivimos uno de los espectáculos más interesantes y sorprendentes del viaje,  la bajada al valle de las vacas que durante el verano han estado pastando en la montaña; este hecho podría estar dentro de la normalidad si no fuera porque las vacas iban  engalanadas y coronadas con flores, en una procesión pintoresca y colorista, que nos mantuvo parados en la carretera más de una hora; y algo de religioso sí tenía pues en las cofias que llevaban en su testuz,  aparecían imágenes de Cristo y de la Virgen; asistir a su descenso al valle,  es un verdadero espectáculo de color y sonido pues los cencerros  que colgaban  de sus cabezas iban  sonando en un bucólico repiqueteo;  si a esto añadimos  que los pastores que las conducían iban vestidos con el traje típico del Tirol la estampa pastoril  no podía ser más idílica.

 Y aquí nos ocurrió uno de los episodios más divertidos del viaje y fue que, en nuestro afán de no perdernos nada del espectáculo, nos pusimos al borde de la carretera por donde pasaban las vacas, sin pensar que estos animales tan cándidos y tan enormes, no respetaban las aceras  y las ocupaban haciendo retroceder a los curiosos; y eso sucedió, que en un momento determinado vimos encaminarse hacia   nosotras a tan elegantes vacas por lo que tuvimos que poner pies en polvorosa y correr delante de ellas, muertas de risa, como si de un «San Fermín» se tratase. ¡Qué, risas!, ¡Qué apuros! ¡Qué gritos!….!Qué bien lo pasamos!.  

 Una vez libre la carretera, llegamos a  Gerlos y no sin dificultad, atravesamos el pueblo donde  la fiesta continuaba, animada por grupos  de música folclórica que congregaban a una verdadera muchedumbre; gente del pueblo y alrededores,  a caballo o en  carretas de madera,  se paseaban entre la concurrencia y  se acercaban a los numerosos puestos de  productos y artesanía de la región que exhibían trabajos creativos en madera; una vez libres para proseguir, como se había hecho la hora de comer, nos detuvimos en un pantano, el Durlassboden, que forma un precioso lago artificial, construido en 1966 y perteneciente al municipio de Gerlos, en el Zillertal Valley

Es muy visitado en verano pues está permitido  bañarse en sus aguas y además  se pueden realizar numerosos deportes como el surf, remo,  buceo o  navegar en Kayac o en  barcas de pedales;  iniciamos una pequeña marcha por uno de los bosques que bordeaban  el lago  hasta llegar a una preciosa cabaña, que como era fiesta,  no daba servicio,  pero que  nos sirvió para comer frente a un paisaje de ensueño.  Desde allí retomamos   la carretera  de Gerlos Alpine Road, situada en el corazón del Parque Nacional de Hohe Tauern, construida como camino hacia “el tesoro de oro”, del valle del Ziller, importante paso de montaña que conecta dos estados federales austriacos: Tirol y Salzburgo.

 La historia de los caminos sobre el paso de Gerlos es de lo más interesante; la primera carretera de carros se construyó en el siglo XVII, en el lugar de una antigua pista de mulas, para transportar el oro encontrado en el Valle de Ziller hasta Salzburgo. Hasta entonces, el único camino pasaba por el Tirol y Baviera; en un año, unos 70 trabajadores terminaron esta carretera de 3,5 m de ancho, que  con el paso de los años, las inundaciones y los deslizamientos de tierra, quedó destruido, quedando sólo el sendero. La actual carretera conocida como “ruta del oro”,  fue construida entre 1960 y 1962, según los planos de Franz Wallack, constructor de la carretera alpina más famosa de Austria – Grossglockner High Alpine Road. La construcción de la carretera a través de pantanos elevados resultó difícil ya que tuvo que ser excavada cuatro metros en una longitud de 1,5 kilómetros, hasta que chocó con un terreno sólido. Todo el recorrido se ha construido sobre la capa anticongelante de 40 a 60 cm de espesor para que la carretera sea absolutamente resistente al invierno, por lo que se puede utilizar durante todo el año.

Una vez culminado el Puerto de Gerlos, comenzamos el descenso que nos llevaría a las preciosas Cataratas de Krimml de 380 metros de altura,  la más alta de toda Austria,  punto culminante de Gerlos Alpine Road,  un prodigio natural que atrae a miles de visitantes cada año y que se puede contemplar desde los numerosos miradores existentes en la carretera.

 Una vez aparcado el coche, nos adentramos por un camino que nos llevaría a las espectaculares cascadas del  río Krimml Ache y que desembocaba en una especie de plaza, La Kürsingerplatz,  un espacio con numerosos edificios de madera en los que se encuentran   la taquilla de entradas,  la tienda de recuerdos, una pequeña cafetería y los servicios. Aunque es un  espacio natural, está  protegido y dotado de ciertas estructuras que tienen que ser cuidada y mantenidas; es por lo que hay que pagar una entrada para acceder a la zona de la cascada y  subir los numerosos  senderos que parten de su base y que nosotros  no pudimos recorrer dada la hora y la lluvia pertinaz que caía. La catarata desciende en tres tramos, por lo que se pueden contemplar los saltos; en la primera fase la cascada cae 140 metros, en la segunda 100 metros y en la última fase cae otros 140 metros.

Después de hacernos fotos, mojarnos y disfrutar del espectáculo,  nos pusimos en camino hacia Zell am See, distante tan solo  50 Km, una  acogedora localidad de los Alpes Austríacos de unos 10.000 habitantes, donde las montañas, glaciares y lagos conforman un paisaje alpino insospechado;  está situado junto al Lago Zell y rodeada de la imponente cordillera Hohe Tauern, lo que determina que su vida gire  en torno  al esquí u otros deportes de montaña en invierno y los deportes acuáticos en verano. Zell am See es  una ciudad muy chic, de la que destacaría sus preciosos y elegantes edificios y los increíbles e inmensos paisajes de ensueño que la rodean; si añadimos a su belleza su  gran oferta de ocio, concluiremos que es un lugar ideal para pasar cualquier estación del año, a pesar de no ser apta para todos los bolsillos.

Nos alojamos en el  Hotel  St. George,  un preciosa  casa, típicamente austriaca,  muy bien conservada exteriormente pero con una  decoración, -especialmente en las habitaciones interiores-,  que dejaba mucho que desear; eso sí, tenía  sauna de la que pudimos disfrutar después del largo día de viaje.

El día siguiente, domingo,  madrugamos para subir  al monte Schmitten, a 2.000 metros de altitud, y lo hicimos en el moderno teleférico diseñado por Porsche, Trassxpress Schmittenhohebahn, que además del teleférico, incluye ascensor y red de remontes. Si se está en forma también se puede  acceder a pie por senderos bien señalizados.

Las vistas del valle y del lago que se descubren al ir ganando  altura son impresionantes así como las que se divisan desde la cima; había  niebla y las nubes se movían con rapidez cambiando el paisaje,   descubriendo   senderos y picos nevados que al poco quedaban de nuevo ocultos.

Schmittenhöhe estaba nevado, lo que nos permitió   disfrutar como chiquillos de la nieve y maravillarnos con el paisaje que desde la gran terraza-mirador del Hotel BergHotel  Schmitten,  contemplamos alrededor de un reconfortante café.  

En la cima de Schmittenhöhe nos llamó la atención un pequeño edificio de madera que resultó ser la  Capilla Elisabeth, desde donde nace una de las rutas más conocida y más corta, “la ruta circular de Sisi”, que empieza y acaba en la capilla y  cuenta a lo largo de su recorrido con carteles informativos que van desgranando su triste historia. Parece ser que  la emperatriz austríaca,  120 años atrás,  decidió visitar esta  montaña para disfrutar de sus bellos  atardeceres.

   

Una vez de regreso a Zell am see, nos dimos un paseo por el  casco antiguo del pueblo, muy animado con sus comercios y pintorescos restaurantes que atraen a numerosos  viajeros.

De entre sus monumentos destacaremos  el  Castillo de Rosenberg, que data del siglo XVI, elegante edificio  de sofisticado estilo bávaro que hoy acoge el Ayuntamiento (Rathaus), si bien en su día fue una residencia familiar; pero más interesante es  la  Pfarrkirche, una preciosa iglesia parroquial románica del siglo XI  dedicada a San Hipólito;   de su interior hay que destacar  su coro de estilo gótico tardío, así como las espléndidas estatuas de San Jorge y San Florián; también en  el centro  de la villa, se encuentra  el Stadtmuseum Vogtturm, un interesante museo sobre el folklore, ubicado en  la torre Vogt,  construida  en el año 926, que junto con la iglesia, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad.

Después de comer nos dirigimos a otro de los grandes atractivos del entorno,  el lago Zell, cuyas aguas cristalinas reflejan como en un espejo el paisaje que le rodea; nos acercamos al embarcadero para  dar un paseo en barco y disfrutar de la brisa que venía de las montañas,  y del idílico paisaje que nos rodeaba. Es un lugar ideal pues además de su belleza, posibilita  a los visitantes la practica  de todos los deportes de agua, desde natación, al windsurfesquí acuático o wakeboarding.

Son llamativas las fuentes que dentro del agua, lanzan sus chorros a gran altura componiendo artísticas figuras;  sobre el agua, tiene lugar un espectáculo de luces y música conocido como «Magic Lake Show«, que junto a los chorros de agua crea efectos armónicos de gran belleza. El parque que bordea el lago en Zell am See se conoce como Esplanade

Por la tarde y después del paseo en barco nos acercamos en autobús a Kaprun,  pueblo que está muy cerca de Zell am See (unos 2 ó 3 kilómetros). Es más pequeño y está menos explotado turísticamente a pesar de disponer de una reconocida estación de esquí en invierno y ser la puerta de acceso al glaciar ”Kitzsteinhorn.

Caminamos bajo la lluvia hasta llegar a la iglesia de «Santa Margarita«, una pequeña y acogedora iglesia construida en 1935, encima de una roca,  a la que se accede por una empinada escalinata y desde la que se contempla todo el pueblo, el lago y el castillo medieval del siglo XII, al que no pudimos ir por la insistente lluvia,  a pesar de estar a un kilómetro de distancia.

Tristemente este pueblo fue noticia  el 11 de noviembre del año 2000, por lo que se conoce como «el desastre de Kaprun«, en el cual un funicular El Gletscherbahn Kaprun 2, que cubría el trayecto desde el municipio de Kaprun al glaciar Kitzsteinhorn  en los Alpes austriacos, se incendió en un túnel, provocando la  peor tragedia en la historia de Austria.

Ya de vuelta en Zell am see un tanto destemplados, decidimos tomar algo caliente en el hotel de 4 estrellas superior Grand Hotel Zell am See, un elegante  edificio blanco situado en un lugar único,  en una península privada en la orilla del Lago Zell, con  playa exclusiva,  coquetos jardines y una azotea con vistas panorámicas. En los salones de su  cafetería Imperial abiertos al lago,  nos sirvieron unos mojitos riquísimos y Aperol Spritz,   que nos hicieron olvidar la lluvia y el tiempo desapacible.

De aquí nos fuimos a cenar a la   Brasserie Traube, local que ofrece comida típicamente austriaca, para probar un plato que nos recomendaron, el  Gröstel, un plato de muchas calorías para los fríos invernales,  preparado  con patata, trozos pequeños de carne de cerdo y cebolla picada, salteados todos ellos en una sartén con mantequilla y sazonados con sal, pimienta, albahaca, comino y perejil. Nos lo sirvieron con un huevo estrellado sobre la carne y repollo; un plato frugal y ligerito para irse a la cama.

A la mañana  siguiente,  lunes 26 de septiembre,  dejamos esta bella localidad para dirigirnos a Salzburgo,  a 97 Km de Zell am See, por una carretera rodeada de prados verdes y casas alpinas que con las nubes bajas mostraban un paisaje de  ensueño.

Llegamos a Salzburgo sobre las 11 y una vez allí,  nos dirigimos al  Hotel Stein donde teníamos reservadas habitaciones, para dejar las maletas y empezar la visita de una  ciudad que nos recibía con esta maravillosa vista.     

El hotel está  situado en el centro de Salzburgo, a orillas del río Salzach  por lo que su ubicación es excelente,  a sólo 70 metros de la famosa calle Linzergasse, la más comercial, y muy cerca de  las visitas imprescindibles de la ciudad, como la Casa donde nació Mozart, la Catedral de Salzburgo, el Palacio Mirabell o la Fortaleza de Hohensalzburg; desde la  azotea del hotel se puede disfrutar de  una vista panorámica del casco histórico,  del río,  del castillo y los alrededores.

Salzburgo es la cuarta ciudad más poblada de Austria y su nombre proviene de la sal (salz en alemán), de la que se encuentran importantes minas en las cercanías,  y con cuyo comercio la ciudad se desarrolló durante  varios siglos. En el año 798,  Salzburgo se convierte en el primer arzobispado, siendo desde esa época  gobernada autónomamente por un príncipe-arzobispo hasta 1803, año en que  fue invadida por Napoleón, y posteriormente,  incorporada  al reino de Baviera y luego al imperio Austro-Húngaro. Los  príncipes-arzobispos convirtieron a Salzburgo en la mejor ciudad fortificada de Europa y en un gran centro artístico y cultural, con una importante herencia arquitectónica, que encontramos al recorrer las calles y plazas de la ciudad. Actualmente sigue siendo  la Sede Primada de la iglesia católica de Austria. 

Comenzamos el paseo y nuestros pasos nos llevaron hasta  Domplatz , plaza en la que se estaba celebrando  la fiesta de la cerveza y donde se  alza La Catedral de San Ruperto, edificio barroco del siglo XVII;   fue diseñada por Santino Solari y construida  sobre los cimientos de la antigua basílica,  de la que  aún se conservan   la pila bautismal gótica del siglo XIV y  ​ el alero del estilo italiano.

Más tarde el  Príncipe-Arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau,  impuso  la moderna arquitectura barroca italiana, estilo que se  implantó en la nueva iglesia y que predomina en la majestuosa nave, en  el coro,   en las ornamentadas cúpulas,  en los cinco órganos que posee y en la fastuosa decoración interior.

El  Príncipe-Arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau fue también el responsable del edificio anexo a la Catedral, “ Altes Residenz”, (La Antigua Residencia)  un edificio fundamental de Salzburgo,  desde el que ejercían el  poder los príncipes-arzobispos; hasta el siglo XIX, los gobernantes de la ciudad dirigieron desde este lugar  la historia del país y usaron el imponente edificio como representación principesca recibiendo a  famosos invitados, entre los que destaca  el emperador Napoleón III.

Acabada la visita nos encaminamos hacia  la Universitätsplatz , donde se alza  la Iglesia de la Inmaculada Concepción, una impresionante estructura barrocaPatrimonio Mundial de la UNESCO, que  pertenece a la Universidad de Salzburgo. El edificio fue diseñado por Johann Bernhard Fisher von Erlach en el siglo XVII y es la obra más importante de este arquitecto. Un rasgo característico de este templo es su luminosidad,  acentuada por el blanco de sus paredes y  por  la sencillez de su  ornamentación de la que destacan los retablos coloristas de sus capillas.

 Desde aquí nos dirigimos a la “Casa Hagenauer” de la calle “Getreidegasse  nº 9, donde nació  el 27 de enero de 1756, Wolfgang Amadeus Mozart, el hijo más famoso de SalzburgoMozart pasó aquí su niñez y juventud junto a sus padres y su hermana hasta que en 1773 se trasladaron a la Residencia Mozart en la plaza “Makartplatz”. Hoy la casa es un museo en el que se exhiben documentos originales sobre la historia y la vida de sus moradores y en la que se puede contemplar el  mobiliario del siglo XVIII, los retratos de la familia y algunos de los  instrumentos musicales que tocaba de niño como el violín y el pianoforte, que los seguidores del genio veneran con autentica devoción.      

El valioso legado histórico de los príncipes-arzobispos de Salzburgo, se puede  apreciar en toda la ciudad pero es en La iglesia de los Franciscanos, levantada sobre una iglesia antigua del siglo XII y muy cerca de la Catedral,   donde la huella de los diversos estilos artísticos es más patente; desde  el arte románico de la  fachada que conserva parte de la portada románica original de mármol rojo y blanco, al luminoso ábside gótico de tres naves de igual altura o   al gótico tardío del  coro; ya en el siglo XVIII se añadió un altar mayor, una de las joyas de la iglesia, junto con el magnífico púlpito.        

     

Sólo nos dio tiempo a visitar tres iglesias pero deambulando por las estrechas callejuelas, asomaban entre sus tejados, torres puntiagudas y campanarios como el de la iglesia de San Blas, construida a principios del s. XIV,  que ha mantenido casi intacto su aspecto gótico original pues no sufrió daños  a lo largo de los siglos, hecho que  contrasta  con la mayoría de las iglesias de la ciudad,  reconstruidas en estilo barroco y rococó. En la fachada  de su muro norte se puede ver un relieve de mármol que representa a San Sebastián.

Otra torre importante que se recorta en el paisaje urbano es la del  “Convento de San Pedro” fundado en el siglo VII y considerado el monasterio más antiguo en el mundo de habla alemana.  La colegiata actual se construyó en el siglo XII y se remodeló varias veces a lo largo del tiempo; hoy combina elementos románicos, góticos, renacentistas, barrocos y rococós.

Seguimos paseando hasta  el extremo de la puerta “Sigmundstor”  donde se abre La plaza de Herbert von Karajan, cuyo  nombre es un homenaje al mundialmente famoso director nacido en Salzburgo y fundador en 1967, de los Festivales de Pascua “Osterfestspiele” y en 1973 de los Festivales de PentecostésFestspiele Pfingsten” de Salzburgo.

En esta plaza destaca un conjunto arquitectónico  muy famoso, el  “Abrevadero de caballos” (Pferdeschwemme) del siglo XVII, -justo  debajo de la roca “Mönchsberg”-, lugar en el que se daba agua y se limpiaban los caballos después de los desfiles de los príncipes-arzobispos. La estatua del domador de corceles “Rossebändiger” representa a Alejandro Magno domando a su  caballo favorito, Bucéfalo y los coloridos  frescos ecuestres en las paredes del abrevadero recuerdan aún hoy las costumbres de antaño.

Y como anécdota, recordaremos que esta famosa plaza sirvió de escenario para la película “Sonrisas y lágrimas” en la que  María,  la institutriz, y los niños Trapp, pasearon en  carruaje, admirando la plaza y el singular abrevadero de caballos.

Volvimos sobre nuestros pasos para llegar de nuevo a la Universitätsplatz,  plaza  donde los puestos de fruta y verdura llenaban de color la plaza exhibiendo los productos más frescos y pintorescos de la región.

La siguiente visita a la que dedicamos toda la tarde fue  La Fortaleza de Hohensalzburg, que desde la Plaza Dom y con la luz del atardecer mostraba este bellísimo aspecto.

Su imponente perfil se recorta sobre la montaña Festungberg en la que fue edificada en el siglo XI, con el objetivo de defender la ciudad de Salzburgo  de los continuos conflictos que había en Europa.    El emplazamiento  ya había sido utilizado por los romanos y por los celtas y en  el siglo XI, en  1077,  el Príncipe-Arzobispo Gebhard von Helffenstein, encargó la construcción de  un castillo primitivo, de gran solidez, dotado de una muralla exterior que facilitara la defensa del mismo. La fortaleza tomó su aspecto actual en el siglo XV bajo el Príncipe-Arzobispo Leonhard von Keutschach, que la hizo habitable, la decoró exquisitamente y le dio su aspecto gótico tardío. En el muro exterior de la capilla de la fortaleza se encuentra su relieve en mármol rojo, así como  su símbolo,  una “remolacha”, que se repite por los muros de la fortaleza. A lo largo de los siglos y hasta el siglo XVII los difer­entes Arzo­bis­pos de Salzburgo la ampliaron y reforzaron con torres, bastiones, muros y trincheras  que lograron hacerla  inexpugnable. El dinero para la obra se recaudó con la explotación de las Minas de Sal,  «Oro Blanco» que ayudó a los diri­gentes de Salzburgo a ser aún más importantes y ricos.  

 Subimos a la fortaleza en el funicular“Festungsbahn” que tanto en invierno como en verano,  lleva directamente desde el corazón de la ciudad a la fortaleza, una de las más antiguas de Europa;  una vez allí recorrimos la fortaleza deteniéndonos en su patio interior donde se encuentra la Capilla de San Jorge y paseando por sus torres,   terrazas y murallas.

Dentro se pueden visitar tres museos en diferentes edificios: el museo de la fortaleza, el de marionetas y el del «Regimiento Rainer» ,  nombre que se remonta al Archiduque Rainer Ferdinand, segundo sobrino del emperador Francisco José I. Hay otras muchas construcciones,  añadidas a lo largo de los siglos, a las que accedimos por puertas y portillos, en diferentes niveles,  hasta llegar al núcleo principal, una estructura inaccesible pensada para impedir   el ataque directo del  enemigo.  

Después de disfrutar de las espectaculares vistas que el promontorio ofrece, bajamos al centro histórico para seguir gozando de la ciudad, de sus calles vacías  de turistas  y del paisaje urbano iluminado,   en el que se reflejaban las gotas de una fina  lluvia que  comenzó a caer.  Cruzamos de nuevo el rio Salzach y nos encaminamos hacia  la avenida Rainerstrasse,  para buscar  un restaurante donde cenar,   tarea que resultó difícil pues estaban todos llenos; finalmente encontramos un italiano que nos ofreció su última mesa y unas pizzas riquísimas. Volvimos a nuestro moderno hotel,  no muy distante,  dando un paseo bajo una obstinada lluvia. 

A la mañana siguiente, martes 27 de septiembre, aunque llovía copiosamente,  decidimos emprender el viaje que teníamos programado hacia Hallstat, distante unos 73 km de Salzburgo. El viaje se hizo un poco pesado porque el GPS decidió “atrochar” como dicen los montañeros y nos metió por carreteras incalificables durante 30 Km, lo que retrasó la llegada a tan maravillosos lugar. Pero todo se nos olvidó, cuando tras dejar los coches en una zona de aparcamiento, nos dirigimos al pueblo y descubrimos un entorno de película, con casas de madera encaramadas en el monte,  superpuestas unas encima de otras, con balconadas de  madera tallada cuajadas de flores, y tejados puntiagudos de pizarra, y con un  lago azul,  Hallstätter,  a sus pies, al que sólo ponía límite el verde de las montañas.

Su situación  a orillas del idílico mar, hace de Hallstatt uno de los pueblos tradicionales más hermoso y pintorescos de la Alta Austria lo que le ha valido su nominación como Patrimonio Mundial de la UNESCO. El mar de Hallstätter, de 8,5 kilómetros de largo y hasta dos kilómetros de ancho, ha atraído durante mucho tiempo turistas por su excelente pesca y navegación, así como por su impresionante paisaje.

Etimológicamente el nombre de Hall probablemente proviene del término céltico con el que se denominaba a la sal, abundante en las minas cercanas. La localidad da su nombre a la cultura de la edad de Hierro denominada «Cultura de Hallstatt«.

 Asombrados ante tanta belleza,  paseamos por la carretera que bordea el lago, mirando a un lado y otro,  hasta que nos adentramos por la arteria  principal que nos llevó hasta  la Plaza principal (Marktplatz), en la que su fuente está rodeada de típicas casas alpinas, con bellas fachadas de colores, decoradas con flores y coronadas por el verde del monte.

A un  lado de la Plaza se alza la elegante Iglesia Luterana, de estilo neogótico, del año 1861, cuya afilada y elevada torre ha pasado a ser  parte del paisaje de Hallstatt; su interior es muy luminoso aunque de gran sobriedad.

Siguiendo nuestro paseo, ascendimos por empinadas escaleras hasta  la Pfarrkirche, una bonita iglesia católica,  parroquia de Nuestra Señora de la Ascensión, de estilo gótico que  se comenzó a construir alrededor de 1181.           

   

 Su impresionante torre data de esa época-, y fue terminada hacia el 1505;  es imprescindible contemplar  sus  valiosos trípticos góticos del siglo XVI.

En su parte  trasera se encuentran un estupendo mirador y el bellísimo cementerio desde el que contemplan preciosas vistas y el Hallstätter Beinhaus, un pequeño osario que no pudimos ver  con cerca de 1200 cráneos pintados con diversos motivos  y otros tantos huesos.

Desde todos los lugares podíamos disfrutar del impresionante  paisaje de aguas  azules y montañas  verdes.

Nuestra siguiente visita fue a la montaña de sal “Salzberg”, a la que se puede ascender andando o cogiendo el cómodo  funicular,  que es lo que nosotros hicimos, no sólo para visitar la mina de sal más antigua del mundo,  -de más de 3.000 años-, sino para acercarnos  a su mirador el Halstatt Skywalk , a una altura de 350 mts y contemplar  desde la plataforma la maravillosa panorámica del entorno natural de Hallstatt.

Aprovechando que salía el sol nos acercamos a la histórica Torre de Rudolf ( Rudolfsturm) una  antigua fortificación, a la que sólo se puede acceder mediante pasarelas,  que  se construyeron para defender las minas de los invasores y que hoy en día,  sirve como restaurante y torre de observación. Aquí nos sentamos a tomar unas cervecitas y a hacernos miles de fotos con el imponente paisaje que nos rodeaba.

Esta torre, forma parte de un antiguo castillo en ruinas construido en 1284 por el duque Albrecht I, con el fin de proteger la ciudad de la amenaza de los Príncipes Obispos de Salzburgo que deseaban anexionársela;   lleva el nombre del primer líder del imperio de Habsburgo. Años después de su construcción se convirtió en la residencia del encargado de la mina de la sal, y así permaneció durante más de seis siglos. Desde aquí se contemplan vistas panorámicas impresionantes.

Completamente llenos de la belleza del paisaje bajamos para buscar un restaurante y comer productos típicos austriacos y en el trayecto descubrimos calles preciosas, con casa pintadas y flores que las cubrían casi por entero; el ruido del agua que cae de una cascada, nos acompañó todo el camino haciendo más bucólico aún, el ambiente.

Fue difícil encontrar restaurante porque nuestro grupo es numeroso pero encontramos uno muy acogedor, Braugasthof Lobisser, en  el que degustamos, entre otros manjares “reinanke”,  un pez del lago que cocinan a la brasa y del que presumen los restauradores de su  frescura ya que va, según nos dijeron, del agua  a la mesa.

Abandonamos este precioso pueblo con la sensación de dejar muchas cosas por ver, como la  “Cascada de Waldbaschstrub” o el Mirador Five Finger, y cosas por hacer, como pasear en barco por el lago o  visitar el  museo Kulturerbe Hallstatt. Es uno de los lugares en los que merece la pena quedarse un par de noches para disfrutar del paisaje nocturno y gozar con tranquilidad de la inagotable belleza del entorno que le ha  otorgado el título de “pueblo más bonito de Europa”.

Volvimos hacia  Salzburgo, ya por mejores carrreteras, con cierta premura pues nos esperaba un concierto en el Schloss Mirabell, la suntuosa residencia mandada construir en la orilla derecha del río Salzach por Wolf Dietrich en 1606, según modelos italianos y franceses, para su amada Salomé Alt y la numerosa prole, -quince hijos-, que con ella engendró.

Una vez arreglados para el evento salimos andando hacia el Palacio, distante unos 500 metros del hotel y en el trayecto nos dio tiempo a ver , la iglesia de San Andrés, en la plaza de Mirabell, construida inicialmente en el siglo XIX para sustituir a otra iglesia que se quemó durante el incendio de 1818. Sin embargo, la iglesia que la sustituyó sufrió los mismos daños durante la Segunda Guerra Mundial, de ahí el atractivo moderno de la iglesia y la sencillez de su interior. La comunidad croata de Salzburgo utiliza hoy en día San Andrés y la misa se celebra en lengua croata.

También nos dio tiempo a acercarnos a la  Iglesia de la Santísima Trinidad,  en la plaza Makartplatz, justo al lado del jardín Mirabell, una de las cuatro iglesias construidas por el arquitecto austriaco más famoso de la historia  Fischer von Erlach,  arquitecto también del Castillo de Schönbrunn, el monumento más visitado de Austria. Tiene una forma ovalada hacia dentro semejante a de  la iglesia de la Universidad al otro lado del río, cuya entrada también en forma de óvalo, es hacia fuera.

El Palacio sufrió en 1818, un incendio que lo destruyó casi por completo, únicamente se salvó del fuego la fachada oeste del patio, la capilla,  la rica Escalera de Honor rococó y el fastuoso Salón de Mármol barroco, donde escuchamos el concierto.

 

El Mirabell que podemos contemplamos hoy es una reconstrucción de  Petro Nobile. El salón de mármol,  El Marble Hall, anteriormente salón de baile de los príncipes-arzobispos y lugar de conciertos de Leopold Mozart y sus hijos Wolfgang y Nannerl, está considerado como uno de los «salones más bellos del mundo«; hoy en día se ha convertido en sala de conciertos,  celebrándose también matrimonios civiles y eventos relevantes de la ciudad ya que alberga las oficinas del alcalde de Salzburgo y el consejo municipal.    

Uno de los elementos más destacados del palacio es su jardín y las esculturas que lo adornan como la Fuente de Pegaso, escultura  diseñada por el artista austríaco Kaspar Gras en 1661, ubicada en un primer momento en  el “Abrevadero de caballos” e instalada  a principios del siglo XX,  en los jardines del Palacio Mirabell.

Otro de los atractivos de este bello palacio son  sus jardines de planta geométrica, rodeados de  estatuas de temática mitológica que datan de 1730; de ellas  destacamos cuatro grupos escultóricos de 1690,  –Eneas Hércules, Paris y Plutón-,  del escultor italiano Ottavio Mosto.

Pero la belleza no radica únicamente en el lugar, sino en las impresionantes vistas de la Fortaleza de Hohensalzburg que se contemplan   desde el jardín y que convierten el palacio en una visita imprescindible. Por la noche  palacio y jardines, brillan especialmente por una cuidada   iluminación que dota al conjunto de gran belleza y armonía,  potenciada por el aroma de los parterres de boj.

Después de escuchar el concierto en el fastuoso “Salón de mármol”, salimos del palacio y atravesamos sus preciosos jardines, contemplando siempre la Fortaleza de Hohensalzburg iluminada en lo  alto, para volver al hotel en el que pasaríamos nuestra última noche pues al día siguiente abandonaríamos Austria para dirigirnos a Múnich desde donde volaríamos a Madrid. 

TRASPASANDO FRONTERAS: DE AUSTRIA A ALEMANIA

A la mañana siguiente, miércoles 28 de septiembre,  dejamos Salzburgo y atravesando fronteras, nos dirigimos hacia Priem am Chiemsee,  a 71 km de distancia,  para conocer el lago Chiemsee,  un lago de agua de deshielo situado en Rosenheim, Baviera,  localidad alemana ubicada a medio camino entre Múnich y Salzburgo a la que rodean más de una docena de lagos.  Dejamos los coches en el aparcamiento cercano al muelle en el que se cogen los barcos que van a las dos islas principales, la mayor, Herrenchiemsee  o Herreninsel (isla de los hombres) y  Frauenchiemsee o Fraueninsel ( isla de las mujeres); la tercera isla por su tamaño es Krautinsel (isla de la hierba), menor que Frauenchiemsee,  que está deshabitada.

Nuestro barco nos llevó a Herreninsel o Herrenchiemsee, donde se encuentra el lujoso Palacio Herrenchiemsee,  construido por el rey Luis II de Baviera en 1878, ferviente admirador del Rey Sol, que quiso emular el Palacio de Versalles y que,  lamentablemente, nunca  vio terminado.

Llegamos al palacio atravesando un bosque, a tiempo de  realizar la   visita guiada por el palacio en la que recorrimos más de veinte salas ricamente decoradas, con suelos de marquetería,  paneles de estuco de mármol, espléndidas pinturas en paredes y techos, muebles y preciosas lámparas; la sala más rica e impresionante, es la Gran Galería de los Espejos, una imitación casi perfecta de la «Galerie des Glaces» de Versalles. La sala tiene 98 metros de largo a lo largo del frente del jardín; espejos de pared, techos abovedados pintados al fresco, estuco dorado, 44 lámparas de piso y 33 brillantes lámparas de techo adornan el que probablemente sea el salón de baile más fastuoso del mundo. Pero lo que nos encantó fue la  moderna  cocina en la planta baja del Palacio, en la que el Rey, mandó instalar una  plataforma levadiza que subía y bajaba  la mesa del comedor,  de un piso a otro; así, al subir la plataforma, aparecía  la comida servida en los platos y bajaba  para ser recogida en la propia cocina. ¡Toda una modernidad!

Al salir del Palacio la lluvia nos dio un respiro y nos permitió pasear por sus bellos jardines, disfrutar de la belleza de sus fuentes, contemplar sus magníficas esculturas y fotografiar el inmenso paisaje que se extendía delante de nosotros.

Y desde aquí, nos dirigimos a Múnich, donde pernoctaríamos dos noches, para además de visitar los monumentos más relevantes de la ciudad, disfrutar de la Oktoberfest.

Como llegamos ya anochecido a la capital,  nuestra primera visita fue a uno de los lugares más espectaculares de Múnich, la  Marienplatz,  la plaza más importante desde su fundación en 1158. El principal atractivo es la Altes Rathaus  o Ayuntamiento antiguo, edificio  gótico que desde hace más de 500 años contempla la bulliciosa vida de esta fascinante plaza; a pesar de ser  construido entre 1470 y 1480, ha sufrido numerosas remodelaciones en su aspecto. Su apariencia sencilla contrasta con lo abigarrado del ayuntamiento nuevo pero mantiene la elegancia y el encanto de los  castillos de cuento. El edificio cuenta con una torre de 55 metros que fue construida en el siglo XII como parte del sistema defensivo de la ciudad y  que hoy alberga  el Museo de los Juguetes (Spielzeugmuseum).          

Otro elemento que da personalidad a la plaza por su antigüedad e importancia es la Columna de Santa María “Mariensäule”, erigida en el centro de la plaza en 1638 para celebrar el fin de la invasión sueca;  la gran columna está coronada por una estatua de la Virgen María rodeada por cuatro angelitos que simbolizan las victorias frente a la guerra, la peste, la herejía y el hambre.

Y el otro monumento que atrae todas las miradas es  El Neues Rathaus o Ayuntamiento Nuevo de Múnich, sin duda uno de sus edificios más atractivos construido entre 1867 y 1908,  en estilo neogótico para sustituir al antiguo consistorio a finales del siglo XIX. Su fachada principal, de unos 100 metros de largo, se extiende a lo largo de toda la plaza y en ella destaca  la torre principal, de 85 metros de altura donde se halla el célebre carrillón, cuyas figuras representan a diario,  a las 11 horas, a mediodía y a las 17 horas,   la “Danza de Cooper”  que conmemora el fin de la peste del año 1517.

A la mañana siguiente, jueves 29,  nos dispusimos a vivir la Oktoberfest, una experiencia divertida e inolvidable,  en la que además de disfrutar del recinto en el que se ubica,  con sus carretas tiradas por caballos, de la gente ataviada con los trajes tradicionales, de las casetas de las incontables cervezas,  pudimos,  en una de ellas, cantar canciones españolas, comer «Wiesn Hendl«, el típico pollo asado verdadero rey de la Oktoberfest, salchichas alemanas o Würstl, -desde bratwurst a  la weisswurst-, las rosquillas o bollos pretzels o bretzels y muuuuuucha cerveza ya que durante la celebración del Oktoberfest se beben casi 7 millones de litros de cerveza.

Os interesará saber que cada cerveza que se sirve en la Oktoberfest de Múnich debe cumplir la Reinheitsgebot, que es la “Ley de la pureza de la cerveza alemana y además, es imprescindible que la cerveza haya sido  elaborada dentro de los límites de la ciudad de Múnich. Además no se  bebe  cualquier tipo de cerveza; durante los primeros 60 años dominó la Dunkel bávara, más oscura;   en 1872, la cervecería Spaten introdujo la Märzen, de color más ámbar, que se convirtió en la cerveza oficial de la fiesta; con el paso del tiempo el estilo de cerveza oficial ha ido cambiando y los cerveceros han seguido innovando, utilizando maltas más pálidas.  A principios de la década de 1970, Paulaner introdujo una cerveza dorada llamada festbier, tipo de cerveza que ha ganado popularidad  hasta convertirse hoy en día, en la cerveza oficial de la Oktoberfest.     

Después de pasar más de cinco horas en la Oktoberfest, por la tarde llegamos a tiempo de visitar La Catedral, Frauenkirche, contruida por el arquitecto Jörg von Halssbach; su  edificación empezó en 1468  y sus  dos torres fueron terminadas en 1488; éstas se han convertido en un icono ya que se divisan desde muchos puntos de la ciudad; sin embargo, las famosas cúpulas de las torres no fueron construidas hasta 1525. Su diseño se inspiró en la “Cúpula de la Roca de Jerusalén”, que a su vez tiene influencias del arte bizantino. La catedral sufrió como tantos monumentos de la ciudad, severos daños durante la Segunda Guerra Mundial; el techo fue destruido y una de las torres sufrió importantes destrozos. 

También llegamos a visitar la Iglesia de San Pedro, parroquia más antigua de Múnich; fue consagrada en 1294 y solo 30 años después, un incendio la destruyó. Al ser reconstruida, sólo se construyó una torre, de las dos que tenía; en el siglo XVIII la parroquia fue rediseñada en estilo rococó.

Y descubriendo esta preciosa ciudad, llegamos hasta la Odeonsplatz, famosísima plaza en la que Hitler fue detenido, durante el Putsch de Múnich´o “golpe de la cervecería” de 1923; años más tarde, cuando se hizo con el poder , convirtió Odeonsplatz en un santuario nazi y  fue escenario de los mítines políticos de Hitler durante el Nacionalsocialismo y testigo del sangriento enfrentamiento entre los afiliados al partido nazi y la policía bávara durante el golpe de estado en 1923.

En el centro de la plaza encontramos el monumental Feldherrnhalle o “Pórtico de los Mariscales”. Esta impresionante obra fue mandada realiza por el rey Luis I y concebida por el maestro de obras Friedrich von Gärtner entre 1841 y 1844,  siguiendo el modelo de la Loggia dei Lanzi” de Florencia. Muy cerca del Pórtico se alza la  iglesia de Los Teatinos, Theatinerkirche, edificada en 1663 en estilo barroco por el arquitecto italiano  Agostino Barelli. Se distingue claramente en la laza gracias a su fachada  de estilo rococó pintada de amarillo. Los Teatinos,  era  la iglesia de la corte, por lo que alrededor de 50 miembros de la dinastía bávara, están enterrados en la cripta. La leyenda cuenta que  los miembros de la realeza eran  enterrados sin sus corazones y que éstos se enterraban en una capilla especial; pero este increíble hecho está sin constatar, así que ahí lo dejamos.         

    

Después de gozar de calles y monumentos bajo una lluvia que no dejó de caer durante todo el día, buscamos un restaurante para cenar y volvimos al hotel en metro para descansar y  preparar las actividades de nuestro último día.

Al día siguiente, viernes 30 ,  las nubes dieron paso a un día soleado que nos permitió conocer, entre otras maravillas,  una de las tres puertas medievales que aún se conservan y que daban acceso a la ciudad;  Sendlinger Tor,  de 1318,  es la más antigua y se encuentra en el extremo sur del casco antiguo.

Seguimos caminando por la concurrida calle Sendlinger, muy cerca de la puerta,  una de las principales zonas comerciales de Múnich donde compramos regalitos para hijos y nietos, y descubrimos un espectacular edificio, que resultó ser una iglesia dedicada a San Juan Nepomuceno, conocida popularmente por  Asamkirche,  una auténtica joya del barroco.  Parece  que está inspirada en  la iglesia de San Carlo alle Quatre Fontane, de Roma, de hecho, los hermanos Asam (ambos artistas) decidieron construirla para uso privado, aunque posteriormente sólo se les dio permiso si su uso era colectivo.  Desde la calle parece una lujosa casa señorial  pero es su interior el que muestra  una decoración lujosísima y abigarrada, donde las molduras y gran parte de los objetos decorativos están  recubiertas de oro y sus frescos ocupan paredes y  techos en una especie de horror vacui. No pudimos ver los frescos que decoran su interior ya que estaba cerrada por obras,  por lo que  tuvimos que conformarnos  con verla desde fuera  y tras las rejas de acceso a la iglesia.           

Pero para que os hagáis una idea de la belleza que no pudimos disfrutar, os ofrezco  esta imagen de internet.   

A la hora de comer nos acercamos al famoso Viktualienmarkt,  una plaza con un ambiente impresionante,  llena de gente que alrededor de  más de  150 puestos, disfrutaban de los productos y especialidades locales: pretzels, salchichas, cervezas; nos recomendaron un puesto especializado en sopas y como la temperatura era baja, fuimos a probarlas y a entrar en calor; la variedad era desbordante y los caldos que pedimos, -imposible recordar el nombre-, estaban  riquísimos; podemos afirmar que fue sin duda, la  actividad más sabrosas del día.

Y no nos podíamos ir de Múnich sin conocer  la famosa e histórica Cervecería Hofbräuhaus. El local se encuentra en la Platzl, una recoleta placita llena de cervecerías típicas donde se degustan los productos locales. Permanece abierto desde principios de 1800 y se la conoce por servir grandes porciones de cocina alemana;  estaba llena de  turistas de todas las nacionalidades  y no pudimos sentarnos a probar sus especialidades ya que  no había ni un sitio libre; es otro de  los iconos de la ciudad visitado  al año por millones  de turistas.  

Y como se acercaba la hora de ir al aeropuerto y volver a Madrid, regresamos por el arco  del Ayuntamiento Antiguo de Múnich, a la Marienplatz , con la intención de retener en la memoria, el encanto de esta plaza imprescindible, corazón de la ciudad,   a la que siempre habrá que volver.

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