El Quijote: interpolación de la novela pastoril «Marcela y Grisóstomo». Alegato de Marcela en defensa de la mujer

En Abril pasado, con motivo de la semana cervantina, realicé mi primera incursión en el Quijote con el propósito de divulgar esta magnífica obra de una manera sencilla y atractiva, entre todos aquellos lectores que en su momento no se animaron o no pudieron acercarse a ella. La primera entrega la dediqué a escudriñar en las técnicas que sustentan la  estructura interna de la obra, destacando por su transcendencia, la técnica del  perspectivismo, que a pesar de su complejidad, ha sido muy bien acogida por los seguidores del blog,  hasta el punto de ser la entrada más leída. Gracias a todos los lectores anónimos, que me han motivado para  seguir explicando las  interesantes y variadas técnicas de composición,  utilizadas por  Cervantes a la hora del acto creativo.

 Mi principal objetivo en esta segunda entrega es dar a conocer una nueva técnica de la  estructura interna, que como el perspectivismo,  sustenta el andamiaje de la   obra, conformando el mundo cervantino. Y el nuevo artificio es la  interpolación de novelas en el eje de la trama principal, un conjunto de cuentos y novelas cortas, protagonizados por   pastores,  hidalgos, moriscos, caballeros y religiosos  que asistirán  confundidos a las locuras de Don Quijote y  le apartarán  momentáneamente  de su principal objetivo  como caballero andante… defender doncellas, así como desfacer entuertos, amparar viudas y socorrer a menesterosos, convirtiéndole  no en personaje agente,   sino en parte del auditorio, mero  espectador. Las historias intercaladas siempre me han recordado a las matrioshkas, muñecas rusas que  en su interior esconden otras más pequeñas, independientes entre sí y en número variable, según la creatividad del artista; de la misma manera las novelas insertadas en el Quijote, se caracterizan por su gran variedad y por relacionarse de alguna manera con las vivencias de nuestros protagonistas aunque las hay que no mantienen ningún nexo con las aventuras quijotescas, como el caso de » El curioso impertinente» novela que, por este motivo, se hace merecedora de una crítica en la segunda parte de la obra : «es que su autor puso en ella una novela intitulada «El curioso impertinente«; no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote» (II, 3, 50). Por esta particular técnica, el  Quijote se convierte  en  una miscelánea, en un   compendio literario;  en él conviven muchos tipos de literatura, como la novela pastoril, morisca, caballeresca, sentimental,  italianizante y todos los géneros literarios, el narrativo propiamente dicho,  la poesía, el teatrolos discursos, la historia, el género epistolar o el ensayo

La primera novela que encontramos en la I parte del Quijote de 1605,  entretejida entre las aventuras de nuestro caballero,  es   la historia de Marcela y Grisóstomo, novela de tipo  pastoril que se extiende por  los capítulos  XII, XIII y  XIV; este género, muy cultivado  en el renacimiento, se caracteriza por tratar  el  tema  amoroso y por tener como protagonistas, a  «pastores literarios» que se expresan de modo culto y refinado; Grisóstomo y Marcela no hablan como los cabreros, no son auténticos pastores, han decidido vestirse como tales, y vivir en una naturaleza   idealizada, recreando  un tópico literario, el locus amoenus o lugar agradable, donde se desarrollan sus desdichadas experiencias,  en un ambiente muy alejado  de la dura  realidad de los pastores; también cumple nuestra historia otra de las características del género y es la mezcla de prosa  y verso, presente este último en la famosa Canción desesperada de Grisóstomo, y en el epitafio final;  a pesar de su grave contenido, este tipo de novelas dan cabida a lo cómico, representado por Pedro, el cabrero, quien al expresarse, comete innumerables incorrecciones que Don Quijote sale raudo a corregir; este es el  llamado decoro o adecuación, entre el personaje y la forma de hablar, en función de la clase social a la que se pertenece, que preconizaba Lope de Vega en su Arte nuevo de hacer comedias.  

Va a ser este Pedro,  quien al  llegar a la majada va a relatar a   Don Quijote y Sancho y al resto de los pastores, lo que en la aldea ha sucedido. ¿Y qué es ello? Pues que un joven llamado Grisóstomo, enamorado perdidamente de una joven bellísima llamada Marcela, no ha sido correspondido en su amor y ha decidido suicidarse al sentirse desdeñado, no sin antes, escribir una canción en la que culpa a la bella de todas sus desgracias. Pensarán  los lectores que con este “spoiler” ya no sería necesario seguir con la exposición, pero nada más lejos de la realidad, porque lo importante del cuento no son los hechos en  sí, sino la defensa que hace Marcela en público,  de su dignidad como mujer, de su   independencia y de su libertad para elegir la vida que desea, un alegato,  semejante a tantos otros que escuchamos actualmente en defensa de los derechos de la mujer.

Las interpolaciones enriquecen la línea narrativa principal, aportando   diversidad de  temas, unos profundos como la muerte, los condicionamientos sociales o la falta de libertad y otros jocosos que sirven de contrapunto a las aventuras de nuestros protagonistas;  lo que queda patente, es que la historia de los pastores,  Marcela y Grisóstomo,  da un respiro a nuestros protagonistas en sus alocadas aventuras, aunque  deja en el  lector  un doble regusto,  amargo por su trágico final y dulce, por la rica y elegante argumentación de Marcela, en la que no faltan ejemplos y citas clásicas, en  defensa de  la libertad e independencia de la mujer; el autor quiso interpolar entre locura y locura de Don Quijote, esta trágica historia, para ejemplificar el alcance insospechado de los actos no regidos por la razón.

Y podríamos añadir,  que esta historia intercalada es relevante porque  sirve al autor,  para hacer autocrítica del  caballero y de  su oficio, la andante caballería, confundiendo a críticos y lectores de todos los tiempos; Marcela,  joven enérgica y decidida, está resuelta a defender su libertad en un mundo de hombres que no la atemorizan y de los que no espera protección;  esto contradice y tira por tierra el propósito  de la orden de la caballería  profesada  por   Don Quijote, porque en su discurso sobre La edad dorada, expone que ...ninguna doncella puede andar en libertad en esta nuestra Edad de Hierro, y ésta es la razón principal por la que son necesarios los caballeros andantes en el mundo …Cervantes,  pone de manifiesto la locura de un Don Quijote empeñado en  cumplir sus sueños caballerescos, en un mundo que ya los ha superado; la personalidad  de  Marcela, abunda en la inutilidad de  los caballeros andantes y en el peregrino objetivo de Don Quijote.  Nuestro autor siempre jugando al equívoco; ahí reside su genialidad.

Y ahora sí, vamos a conocer el origen del cuento y el modo en que se intercala en la historia principal. Para ello nos remontaremos al  capítulo VIII,  cuando en el camino de  Puerto Lápice, buscando aventuras, nuestro caballero y su escudero vieron   a dos monjes, vestidos con sus hábitos negros y a una mujer que iba detrás de ellos.  Don Quijote pensó que estos hombres tenían secuestrada a la señora  y decidió atacar a los pobres monjes. Sancho le avisó de que no eran más que dos frailes pero Don Quijote no le hizo caso. Los dos frailes salieron tan corriendo que  uno de ellos se cayó al suelo;  Sancho amablemente intentó levantarlo pero dos mozos arremetieron contra él y le dejaron inconsciente. Don Quijote, que  fue a presentar sus respetos a la señora, fue atacado por  su escudero que era vizcaíno, quedando herido de un hombro. En el capítulo IX,   encontramos a Don Quijote  victorioso de su batalla contra el vizcaíno, pero dolorido,  ya que en la pelea   éste …le acertó en el hombro izquierdo, no le hizo otro daño que desarmarle todo aquel lado, llevándole de camino gran parte de la celada, con la mitad de la oreja, que todo ello con espantosa ruina vino al suelo, dejándole muy maltrecho. Si a esto añadimos que en el capítulo X, nos encontramos con que…Ya en este tiempo se había levantado Sancho Panza, algo maltratado  de los mozos de los frailes…, comprenderemos que, estando ambos bastante perjudicados y a lomos de sus caballerías, se refugiaran en las chozas de unos pastores …diéronse priesa por llegar a poblado antes que anocheciese, por lo que determinaron  pasar la noche junto a unas chozas de unos cabreros donde fueron invitados a compartir su comida…;  y así se cuenta en el capítulo XItendiendo por el suelo unas pieles de ovejas, aderezaron con mucha priesa su  rústica mesa y convidaron a los dos, con muestras de muy buena voluntad, con lo que tenían.

Y es este el momento, ya en compañía de los pastores, en el que llega Pedro, uno de los cabreros, contando la historia de Marcela y Grisóstomo de la siguiente manera: —Pues sabed —prosiguió el mozo— que murió esta mañana aquel famoso pastor estudiante llamado Grisóstomo, y se murmura que ha muerto de amores de aquella endiablada moza de Marcela, la hija de Guillermo el rico, aquella que se anda en hábito de pastora por esos andurriales.. (…) y es lo bueno que mandó en su testamento que le enterrasen en el campo, como si fuera moro, y que sea al pie de la peña donde está la fuente del alcornoque, porque, según es fama y él dicen que lo dijo, aquel lugar es adonde él la vio la vez primera.

Y don Quijote rogó a Pedro le dijese qué muerto era aquel y qué pastora aquella; a lo cual Pedro respondió que lo que sabía era que el muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras, el cual había sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales había vuelto a su lugar con opinión de muy sabio y muy leído…

…No pasaron muchos meses después que vino de Salamanca, cuando un día remaneció vestido de pastor, con su cayado y pellico, habiéndose quitado los hábitos largos que como escolar traía.

Después se vino a entender que el haberse mudado de traje no había sido por otra cosa que por andarse por estos despoblados en pos de aquella pastora Marcela que nuestro zagal nombró denantes, de la cual se había enamorado el pobre difunto de Grisóstomo.

Pedro hace una descripción sesgada y tendenciosa del personaje femenino, Marcela; mientras que describe a  Crisóstomo como joven ilustrado, guapo, rico y enamorado, -combinación de cualidades ante las cuales ninguna mujer  podría sustraerse-, a  Marcela la caracteriza negativamente …aquella endiablada moza de Marcela… rozando lo peyorativo…aquella que se anda en hábito de pastora por esos andurriales. Continúa el cabrero  refiriendo  ahora, el origen acomodado y la belleza de Marcela, relatando cómo murió su madre de parto y su padre de pena, y cómo quedó al cuidado de un tío que no desdeñaba casarla al alcanzar los quince años. …En nuestra aldea hubo un labrador aun más rico que el padre de Grisóstomo, el cual se llamaba Guillermo, y al cual dio Dios, amén de las muchas y grandes riquezas, una hija de cuyo parto murió su madre. De pesar de la muerte de tan buena mujer, murió su marido Guillermo, dejando a su hija Marcela, muchacha y rica, en poder de un tío suyo sacerdote y beneficiado en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos hacía acordar de la de su madre, que la tuvo muy grande; y, con todo esto, se juzgaba que le había de pasar la de la hija. Y así fue, que cuando llegó a edad de catorce a quince años nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella. Guardábala su tío con mucho recato y con mucho encerramiento; pero, con todo esto, la fama de su mucha hermosura se estendió de manera que así por ella como por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, sino de los de muchas leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era rogado, solicitado e importunado su tío se la diese por mujer. Mas él, que a las derechas es buen cristiano, aunque quisiera casarla luego, así como la vía de edad, no quiso hacerlo sin su consentimiento…;

Es interesante el talante respetuoso del tío, que preocupado por casar a la niña y acuciado por los numerosos pretendiente… no quería hacerlo sin su consentimiento, porque decía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos estado contra su voluntad…; en una época en la que la mujer no tenía voz y el matrimonio era una transacción económica, el tío muestra una  actitud comprensiva frente a las decisiones de su sobrina que arguye ...no sentirse hábil para poder llevar la carga del matrimonio.

Marcela se siente libre y  la primera decisión que toma es hacerse pastora…Pero hételo aquí, cuando no me cato, que remanece un día la melindrosa Marcela hecha pastora; y sin ser parte su tío ni todos los del pueblo, que se lo desaconsejaban, dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar, y dio en guardar su mesmo ganado. Y así como ella salió en público y su hermosura se vio al descubierto, no os sabré buenamente decir cuántos ricos mancebos, hidalgos y labradores, han tomado el traje de Grisóstomo y la andan requebrando por esos campos; […] Que puesto que no huye ni se esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera dellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de sí como con un trabuco.

Marcela, mira a su honra, cuida su honestidad y recato, no evita a  los que la admiran  ni es esquiva, sino  cortés con todos….pero huye del matrimonio y de  cualquier relación amorosa que se sustente únicamente,  en  ser requebrada. Y este es el problema para sus enamorados, que mantiene su independencia y su libertad y no se siente  obligada a querer a quien la quiera, sino a quien ella elija.

El cabrero continúa detallando las consecuencias de los desdenes de Marcela, los lloros, quejas,  suspiros,  súplicas y  desesperación  de todos los infortunados que se han prendado de ella, tachándola de cruel y desagradecida por haberlos  rechazado.

Aquí sospira un pastor, allí se queja otro; acullá se oyen amorosas canciones, acá desesperadas endechas. Cuál hay que pasa todas las horas de la noche sentado al pie de alguna encina o peñasco…(…) Y deste y de aquel, y de aquellos y de estos, libre y desenfadadamente triunfa la hermosa Marcela, y todos los que la conocemos estamos esperando en qué ha de parar su altivez y quién ha de ser el dichoso que ha de venir a domeñar condición tan terrible y gozar de hermosura tan estremada. 

Cae la noche y los cabreros y Don Quijote se retiran a descansar. Una vez amanecido se preparan todos para asistir al entierro de  Grisóstomo, al que acuden curiosos de los alrededores;

Don Quijote y los que con él venían se pusieron a mirar las andas, y en ellas vieron cubierto de flores un cuerpo muerto, vestido como pastor, de edad, al parecer, de treinta años; y, aunque muerto, mostraba que vivo había sido de rostro hermoso y de disposición gallarda.

Todos alrededor del bello cuerpo escucharon por boca de Vivaldo la  Canción  de  Grisóstomo, -133 versos repartidos en ocho estancias más el envío final dirigido a la propia canción-, en los que el estudiante-pastor,   tras ser desdeñado por Marcela,  expresa la intensidad de su dolor, comparándolo con  los aullidos de los más fieros animales y las razones que le han llevado al suicidio culpando a Marcela de su última decisión.

Pero tras la lectura …todos los ojos se vuelven  por cima de la peña donde se cavaba la sepultura  de Grisóstomo, por donde aparece una maravillosa visión, la pastora Marcela, tan hermosa, que pasaba a su fama su hermosura.

Y aquí llega el gran momento, el clímax de la historia, la teatral aparición de Marcela, como si de una diosa se tratase…

Los que hasta entonces no la habían visto la miraban con admiración y silencio, y los que ya estaban acostumbrados a verla no quedaron menos suspensos que los que nunca la habían visto. Mas apenas la hubo visto Ambrosio, cuando con muestras de ánimo indignado le dijo:

—¿Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco destas montañas!, si con tu presencia vierten sangre las heridas deste miserable a quien tu crueldad quitó la vida? ¿O vienes a ufanarte en las crueles hazañas de tu condición?

Marcela responde al amigo de Grisóstomo con uno de los alegatos más profundo, poético e intemporal de nuestra literatura, que recomiendo leer con placer y sosiego, en el que defiende la libertad individual de la mujer y el derecho de  las mujeres a decidir,  un universal del sentimiento subyugado desde el principio de los tiempos  y sin resolver  en la actualidad.

—No vengo, ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho —respondió Marcela, sino a volver por mí misma y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me culpan; y, así, ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable, mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir «Quiérote por hermosa: hasme de amar aunque sea feo». Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras  enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar, porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. […] Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles destas montañas son mi compañía; las claras aguas destos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno dellos, bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; […] El que me llama fiera y basilisco déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato?

Y continúa su arenga manifestando su autosuficiencia y categorizando sobre su vocación de independencia y libertad:

Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas; tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a este ni solicito aquel; ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.

Y en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas y se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados tanto de su discreción como de su hermosura a todos los que allí estaban.

Don Quijote, queriendo socorrer a la doncella , puesta la mano en la espada, dijo en voz alta:

—Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes; a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan honesta intención vive.

La voz de Marcela se alza enérgica, en esta magnífica argumentación, dando voz a las mujeres que a lo largo de los siglos se han visto obligadas a defender su dignidad, como mujeres y como personas. En el siglo de oro surgen otros personajes femeninos, como Laurencia, la hija del alcalde de Fuenteovejuna de Lope de Vega, quien con un discurso de una violencia inusitada increpa a los hombres, por permitir cobardemente que sus mujeres sean ultrajadas por el comendador; Rosaura en La vida es sueño, dueña de sí misma, evita el amparo de los hombres y toma la defensa de su honor en sus manos; en el libro de Thomas Hardy, reseñado en este blog, Jude el oscuro, encontramos un personaje femenino, Sue, que manifiesta su rebeldía en pleno s. XIX, ante la arbitrariedad de unas normas sociales que ahogan su libertad de elección; las voces de las mujeres han ido cambiando pero el mensaje se ha mantenido inalterable; pero no sólo estos personajes literarios femeninos han ido agrietando techos de cristal, sino mujeres de carne y hueso, científicas, escritoras, políticas, investigadoras, que han luchado desde la antigüedad hasta nuestros días por defender la dignidad de la mujer y por reivindicar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Palabras como las de Marcela son las que han ido allanado el dificil camino de las mujeres hacia la igualdad y a la libertad.

Científicas, escritoras, investigadoras, poetisas, pensadoras, historiadoras, políticas……luchadoras

ACLARACIÓN : Es de todos conocida la estructura externa de la obra, en dos partes, la primera publicada en  1605 y la segunda, diez años más tarde, en 1615,  Pero, el Quijote de 1605, a imitación de lo que sucedía en las novelas de caballerías, va dividido a su vez, en cuatro partes  o ‘libros’, división que no existe en la II parte del Quijote de 1615. Así los 52 capítulos de la I Parte del Quijote de 1605, se agruparían de la siguiente manera: I Parte (caps. 1-8),  II Parte (caps. 9-14), III Parte (caps. 15-27), y IV Parte (caps. 28-52). La novela de los pastores Marcela y Grisóstomo finaliza con el capítulo 14; concluye por tanto la segunda, de las cuatro partes o libros. De ahí las palabras ….»dando aquí fin la segunda parte».

 

Las citas de El Quijote, corresponden a la edición del Instituto Cervantes dirigida por Francisco Rico. Edición del Centro Virtual Cervantes.

Deja un comentario